La noticia del diagnóstico del actor Eric Dane visibilizó nuevamente a la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que va en ascenso a nivel mundial. Investigadores y especialistas advierten sobre el crecimiento sostenido de los casos y explican los posibles factores detrás del fenómeno, así como las acciones urgentes que podrían ayudar a enfrentar esta preocupante realidad.

Qué impulsa el crecimiento de los casos de ELA
Un reciente estudio de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU. proyecta que los casos de ELA aumentarán un 10% en ese país para 2030. Según estimaciones, se pasará de 32.893 personas afectadas en 2022 a más de 36.300 en menos de una década.
La doctora Eva Feldman, directora del Centro de Excelencia en ELA de la Universidad de Michigan, advirtió que se trata de una tendencia global que también afectará a América Latina. El principal factor de riesgo es el envejecimiento poblacional, algo inevitable: “A medida que las personas viven más, hay mayor probabilidad de desarrollar ELA”, explicó.
Sin embargo, otros factores sí pueden controlarse. La exposición a toxinas ambientales —como pesticidas, productos químicos industriales y contaminación del aire— incrementa significativamente el riesgo y la gravedad de la enfermedad. “Estos factores son modificables y deben ser prioridad en la investigación”, agregó Feldman.
La identificación de toxinas específicas presentes en Latinoamérica aún está en estudio, pero la prevención ambiental es vista como una herramienta clave para reducir los futuros casos.
Qué se sabe sobre el riesgo en América Latina
La doctora Gisella Monachelli Gargiulo, investigadora del Conicet y especialista en neurología, explicó que la región latinoamericana presenta una baja cantidad de estudios epidemiológicos sobre ELA.
Una hipótesis plantea que las poblaciones europeas tendrían mayor predisposición genética a desarrollar la enfermedad, debido a la presencia de ciertos alelos. En cambio, la diversidad genética de las poblaciones latinoamericanas —con componentes amerindios, africanos y europeos— podría ofrecer cierta protección.
Aunque estos datos requieren mayor investigación, se destaca la importancia de generar estudios locales para comprender mejor la incidencia de la enfermedad en cada región.

Cuáles son los primeros signos y qué se puede hacer
Los primeros síntomas de ELA suelen pasar desapercibidos. Generalmente, comienzan con debilidad en una extremidad, dificultad para hablar o tragar, y progresivamente se extienden a otros músculos, hasta generar parálisis. También son comunes los calambres y espasmos musculares.
Frente al crecimiento proyectado de los casos, los investigadores de los CDC propusieron tres líneas de acción urgentes:
- Impulsar la investigación científica. Nuevos enfoques podrían ayudar a mejorar los tratamientos y extender la esperanza de vida.
- Reducir la exposición ambiental. Identificar toxinas y mejorar la legislación ambiental.
- Garantizar atención médica especializada. Es clave desarrollar clínicas multidisciplinarias con acceso a equipos profesionales capacitados.
Feldman resaltó que, aunque desarrollar tratamientos efectivos sigue siendo un desafío, hay avances prometedores. Una atención integral debería incluir médicos, enfermeros, terapeutas respiratorios, del habla, físicos y ocupacionales, así como trabajadores sociales.
Además, los pacientes deben acceder tempranamente a medicamentos, intervenciones respiratorias y de nutrición, y a dispositivos de asistencia para mejorar su calidad de vida.
El desafío es grande, pero con un enfoque coordinado y políticas públicas adecuadas, es posible cambiar el pronóstico de esta enfermedad.
🔬 ¿Te fascina la ciencia? Suscribite a nuestro canal de YouTube para contenido científico que te va a volar la cabeza.
▶ Suscribirme





Deja tu comentario