Cinco años después del inicio de la pandemia, el impacto del COVID prolongado en el cerebro sigue siendo un enigma que la ciencia intenta descifrar. Investigaciones recientes en Argentina y otros países revelan datos inquietantes sobre cambios cerebrales sutiles que podrían estar detrás de los síntomas persistentes que aquejan a millones. A continuación, te contamos qué descubrieron los expertos y qué desafíos quedan por resolver.
Cambios estructurales: lo que muestran las neuroimágenes
Un equipo del Conicet y la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) examinó con resonancia magnética el cerebro de personas con COVID prolongado. Sus hallazgos, publicados en BMC Neurology, mostraron atrofia leve y cambios en zonas vinculadas a la memoria, la atención y las funciones ejecutivas. Estos efectos fueron más evidentes en quienes no estaban vacunados al momento de la infección. Las áreas afectadas incluyen el cerebelo, el precúneo y el giro lingual, regiones que suelen estar implicadas en enfermedades neurodegenerativas.

El impacto en la cognición y la calidad de vida
Aunque las pruebas cognitivas no detectaron un deterioro marcado —excepto una leve reducción en la velocidad de ejecución en ciertas tareas—, la calidad de vida de los pacientes con COVID prolongado se vio claramente disminuida. Fatiga, niebla mental, dolores y dificultades para tomar decisiones son algunos de los síntomas que persisten más allá de los tres meses tras la infección, afectando el bienestar físico y emocional de quienes los padecen.
Hacia un diagnóstico más preciso: biomarcadores y nuevas etapas de estudio

En la segunda fase de la investigación, los expertos argentinos trabajan en la identificación de biomarcadores en saliva que permitan detectar el COVID prolongado de forma no invasiva. Esta línea busca integrar los datos cognitivos, las imágenes cerebrales y los indicadores de salud mental para lograr una herramienta diagnóstica completa y eficaz.
Un desafío global que plantea nuevos interrogantes
Estudios internacionales, como uno reciente de la Universidad de Pittsburgh, también encontraron signos de atrofia cerebral y neuroinflamación en personas que superaron el COVID. Los especialistas advierten que estas alteraciones podrían aumentar el riesgo de deterioro cognitivo o enfermedades neurodegenerativas en el futuro. Frente a un fenómeno que afecta a más de 400 millones de personas en el mundo, los científicos subrayan la urgencia de desarrollar estrategias de prevención y tratamiento que protejan la salud cerebral a largo plazo.
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