La próxima cumbre climática de Brasil (COP30) llega con un anuncio que podría marcar un hito: la creación del Tropical Forest Forever Facility (TFFF), un fondo de inversión que promete movilizar 125.000 millones de dólares para proteger los bosques tropicales del planeta. Sin embargo, la experiencia con mecanismos anteriores aconseja prudencia: no siempre las buenas intenciones se traducen en beneficios para quienes cuidan realmente los ecosistemas.
Los bosques como barrera frente al cambio climático
Los bosques son uno de los principales sumideros naturales de carbono, capaces de absorber cerca del 30 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Pero su degradación y los incendios tropicales crecientes amenazan con invertir ese papel: los bosques podrían pasar de absorber a emitir dióxido de carbono, acelerando el calentamiento global.
En ese contexto, la conservación forestal ya no es solo una cuestión ambiental, sino también económica. Para protegerlos, debe hacerse rentable mantener un bosque en pie frente a su tala, conversión en cultivos o quema.

Qué propone el fondo TFFF
El TFFF plantea una fórmula novedosa: invertir capital privado y público en un portafolio global de economías emergentes, cuyas ganancias se destinarían parcialmente a pagar a países tropicales por conservar sus bosques. Si los monitoreos satelitales confirman que no hubo deforestación, los gobiernos recibirían 4 dólares por hectárea preservada; si el bosque se degrada, los pagos se reducen.
Una de las innovaciones clave es que al menos el 20 % de los fondos deberán dirigirse directamente a las comunidades rurales e indígenas, reconociendo su papel como gestores tradicionales del territorio. Además, el esquema financiará políticas públicas nacionales y no proyectos aislados, lo que podría facilitar una aplicación más amplia y transparente.
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