En un mercado saturado de RPG de acción, cada nuevo anuncio suele sonar familiar. Sin embargo, de vez en cuando aparece un proyecto que decide ir por otro camino, no tanto por espectáculo, sino por intención. Una experiencia que habla de recuerdos, de ausencias y de historias mínimas escondidas en los objetos. Así se presenta este nuevo juego oscuro que ya tiene fecha de lanzamiento en PS5 y que empieza a llamar la atención por cómo entiende el combate, la progresión y la narrativa.

Un mundo que no te ve como héroe, sino como guardián de recuerdos
Lejos de las clásicas epopeyas de salvación, este RPG plantea una premisa más íntima. El jugador no encarna a un elegido ni a una leyenda destinada a ser recordada, sino a alguien que camina entre restos de vidas pasadas. El mundo está construido como un cuento antiguo, de esos que se transmiten en voz baja y dejan huella sin necesidad de grandes giros.
Cada escenario está lleno de señales silenciosas: muros dañados, cartas a medio quemar, pequeños objetos abandonados que sugieren tragedias cotidianas. No hay largas explicaciones ni cinemáticas constantes. La narrativa se apoya en la observación y en la imaginación del jugador, que reconstruye lo ocurrido a partir de fragmentos.
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Ver todas las ofertas →Esa filosofía también define el tono general. El viaje es melancólico, pero no opresivo; oscuro, aunque con momentos de calma. La idea central es devolver esas memorias al mundo, permitir que las voces olvidadas tengan un cierre. En ese contexto aparece el nombre del proyecto: The Relic: First Guardian, una propuesta que convierte la exploración narrativa en su eje principal.
Un sistema de combate que elimina límites clásicos del género
Donde el juego realmente empieza a diferenciarse es en su planteamiento jugable. Aquí, atacar no tiene coste. La resistencia, un recurso casi sagrado en el RPG de acción moderno, desaparece por completo de las acciones ofensivas. Golpear, encadenar ataques y probar estilos no penaliza al jugador.
La resistencia solo entra en juego cuando la supervivencia está en riesgo: esquivas, bloqueos y defensas. Esa decisión cambia el ritmo de los enfrentamientos y abre la puerta a un combate más expresivo, donde la creatividad pesa más que la gestión estricta de recursos.
A esto se suma un sistema de habilidades sin consumo de energía, basado únicamente en tiempos de recarga. El resultado es un flujo constante que busca evitar interrupciones artificiales. Desde el inicio, el jugador puede elegir entre cinco tipos de armas, cada una asociada a una emoción distinta y a un ritmo propio.
Cada estilo cuenta con árboles de habilidades exclusivos, permitiendo combinaciones muy personalizadas. No hay clases cerradas ni configuraciones predeterminadas: el personaje se define a partir de decisiones acumuladas, no de una etiqueta fija.
Progresión sin niveles, equipo único y jefes que cuentan historias
Otra de las apuestas menos habituales es la eliminación de los niveles tradicionales. No hay números que suben tras cada combate. El crecimiento se basa en recuerdos materializados en fragmentos especiales, reliquias que contienen efectos pasivos y modificadores profundos del combate.
Cada reliquia puede alterar el comportamiento de habilidades, el tempo de los enfrentamientos o potenciar estilos concretos. Equiparlas no solo mejora al personaje, también define qué tipo de guardián quiere ser el jugador. La progresión se siente más narrativa que matemática.
El equipo sigue la misma lógica. No existen armas repetidas ni armaduras ligeramente mejores que otras. Cada pieza es única y tiene un trasfondo propio: la última espada de un caballero, un escudo heredado durante generaciones, una hoja que simboliza una promesa rota. Obtener equipo es heredar una historia, no optimizar estadísticas.
Este enfoque culmina en los más de 70 jefes repartidos por el mundo. No son simples pruebas de habilidad, sino relatos cerrados en sí mismos: figuras marcadas por el hambre, la culpa o el olvido absoluto. Derrotarlos no es solo avanzar, es dar descanso a esas memorias.
Todo este recorrido tiene ya una fecha concreta: The Relic: First Guardian llegará a PS5 el 26 de mayo de 2026, con la promesa de ofrecer una experiencia que se vive una sola vez y permanece como un cuento que alguien, algún día, volverá a narrar.
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Franco Del Valle lidera la información sobre videojuegos en Oasis Nerd. Formado en la escuela de los RPG clásicos y los primeros grandes mundos compartidos, hoy sigue de cerca el pulso de un sector en constante cambio. Su mirada mezcla la nostalgia justa del veterano con el análisis agudo de quien entiende hacia dónde se dirigen las nuevas experiencias de juego.






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