Durante los primeros 14 días del mes, la región núcleo registró en promedio apenas 13 milímetros de lluvia, muy por debajo de los 60 mm habituales para este período. La caída representa casi un 50 % respecto de la media histórica y, además, estuvo acompañada por una distribución extremadamente irregular. Mientras algunas localidades recibieron chaparrones puntuales, amplias zonas del sudeste de Córdoba y el sudoeste de Santa Fe quedaron prácticamente al margen de las precipitaciones.

Déficit hídrico localizado, pero estratégico

A diferencia de campañas anteriores dominadas por una sequía generalizada, el déficit actual se concentra en áreas clave del corazón productivo. El sudeste cordobés y el sudoeste santafesino son los sectores más comprometidos, con un foco adicional en el centro-este bonaerense. En estas zonas, las reservas de humedad a un metro de profundidad se ubican entre escasas y en condición de sequía.

El contraste con el centro-norte del país es marcado. Desde el centro de Córdoba y Santa Fe hacia el norte, las lluvias fueron abundantes e incluso provocaron anegamientos. Esta disparidad explica la gran heterogeneidad que hoy muestran los cultivos dentro de una misma región.

Maíz: buen piso productivo, pero menos margen

En términos nacionales, el maíz aún sostiene indicadores sólidos. Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la siembra alcanza el 91,7 % del área proyectada y el 74 % del maíz temprano atraviesa su período crítico, con un 93 % del área en condición Normal a Buena.

Sin embargo, a nivel regional comienzan a ajustarse las expectativas. La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta para la región núcleo una producción de 14,8 millones de toneladas, un 20 % superior a la del ciclo pasado, aunque por debajo de los máximos que se insinuaban a fines de noviembre.

Desde el 24 de diciembre, la interrupción de las lluvias coincidió con el tramo final del período crítico del maíz temprano, afectando el llenado de granos. El rinde promedio estimado se ubica en torno a los 98 qq/ha, una mejora clara respecto del ciclo anterior, pero con menor margen para aspirar a registros récord. El maíz tardío y de segunda, que representa cerca del 10 % del área, conserva buen potencial y funciona como amortiguador frente a los ajustes del temprano.

Soja en plena definición

La soja de primera también empieza a reflejar el cambio climático. En la región núcleo, alrededor del 20 % del área ya se encuentra en fructificación y el resto transita la floración, una fase altamente dependiente de la disponibilidad de agua. En la última semana, los lotes calificados como excelentes y muy buenos retrocedieron hasta representar cerca del 65 % del total.

El escenario, por ahora, es menos crítico que el del año pasado, aunque los primeros síntomas de estrés aparecen en ambientes más frágiles. La soja de segunda, aún en etapa vegetativa, muestra señales de desaceleración en algunas zonas, lo que mantiene al cultivo bajo monitoreo.

El pronóstico, la última palabra

Las lluvias previstas no lograron recomponer los perfiles y el patrón atmosférico sigue mostrando una desconexión entre la circulación húmeda del norte y los ingresos de aire frío desde el sur. Mientras esta sincronización no se restablezca, dominarán los eventos aislados y la incertidumbre.

Con maíz y soja atravesando etapas decisivas, enero dejó en claro que el clima volvió a tomar el control de la campaña. El rumbo productivo dependerá, una vez más, de lo que ocurra en el cielo en las próximas semanas.

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