Explorar otros mundos siempre implica una contradicción: para estudiarlos hay que intervenirlos. En la Luna, esa tensión alcanza ahora un punto crítico. Un estudio reciente alerta de que los futuros aterrizajes podrían contaminar los hielos más antiguos del satélite, archivos naturales únicos para la ciencia. El problema no es hipotético: el metano de los cohetes podría alterar estos depósitos incluso aunque se aterrice lejos de ellos.
El metano y los archivos más antiguos de la Luna
La investigación, publicada en JGR Planets, analiza el impacto del metano liberado durante el descenso y el despegue de los módulos lunares. Este gas es uno de los principales componentes de los sistemas de propulsión modernos y, según el estudio, no se dispersa sin consecuencias.
El foco está en las Regiones Permanentemente Sombreadas (PSR), situadas sobre todo en los polos lunares. Allí nunca llega la luz solar y las temperaturas extremas han permitido conservar hielo casi intacto desde la formación del sistema solar. Para los científicos, estos depósitos son auténticos archivos químicos del pasado prebiótico.
Un modelo inquietante: ningún alunizaje es inocuo
Los autores desarrollaron un modelo que simula cómo migra el metano tras un aterrizaje lunar, tomando como ejemplo el futuro módulo Argonaut de la Agencia Espacial Europea. El resultado es contundente: más del 50 % del metano liberado acabaría atrapado en PSR, independientemente del lugar del alunizaje.
Esto significa que, en futuras misiones científicas, detectar metano en una muestra de hielo podría no indicar química ancestral, sino contaminación moderna. El modelo muestra incluso que un aterrizaje en el polo sur puede enviar metano hasta PSR del polo norte, extendiendo el impacto a toda la Luna.
Una contaminación rápida y difícil de revertir
El estudio subraya además la velocidad del proceso. Una molécula de metano puede recorrer la distancia entre polos lunares en apenas 32 días terrestres. En solo siete días lunares —unos siete meses en la Tierra— más de la mitad del metano queda atrapado en regiones sombreadas.
Eliminar esa contaminación sería extremadamente complejo. El hielo lunar es poroso y el metano puede filtrarse a capas profundas, mezclándose con compuestos depositados hace miles de millones de años. A esto se suma el constante impacto de micrometeoritos, que remueve el regolito y borra cualquier separación clara entre capas antiguas y recientes.
Normas insuficientes y una carrera que no se detiene
Las PSR son tan valiosas para la ciencia como vulnerables. Sus temperaturas, de apenas decenas de grados Kelvin, convierten estas zonas en auténticas trampas para moléculas como el metano. Sin embargo, las normas actuales de protección planetaria resultan limitadas.
Según los autores, la clasificación actual del Comité de Investigación Espacial (COSPAR) exige solo declarar los compuestos orgánicos transportados, sin mecanismos efectivos para proteger estos entornos. Con los programas lunares acelerándose, aún hay margen para revisar protocolos y evitar daños irreversibles.
La gran pregunta es si la nueva carrera lunar será capaz de equilibrar exploración y preservación. De no hacerlo, advierten los expertos, podríamos perder para siempre algunas de las pistas más valiosas sobre nuestros propios orígenes.
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