Durante décadas, la explicación dominante sobre el origen del agua en la Tierra apuntó al espacio. Asteroides y cometas ricos en hielo habrían bombardeado el planeta primitivo, sembrando los océanos actuales. Sin embargo, nuevas evidencias procedentes de la Luna —nuestro vecino más cercano y mejor conservado— ponen en duda ese relato. El satélite natural, convertido en archivo geológico del pasado, vuelve a sacudir una de las teorías clave de la ciencia planetaria.
La Luna como testigo intacto del pasado
A diferencia de la Tierra, cuya superficie se renueva constantemente por la tectónica de placas, la Luna conserva casi intacta la huella de los impactos sufridos hace miles de millones de años. Sin atmósfera ni océanos que erosionen su suelo, cada meteorito que chocó contra ella dejó una marca duradera.
Por eso, las muestras recogidas por el programa Apolo de la NASA siguen siendo una fuente excepcional de información sobre la historia temprana del sistema solar interior.
Un método nuevo para una vieja pregunta
El equipo liderado por Tony Gargano, del Lunar and Planetary Institute, aplicó una técnica diferente a la habitual: el análisis de isótopos triples de oxígeno. Tradicionalmente, los científicos buscaban rastros de elementos metálicos asociados a meteoritos, pero los impactos extremos pueden alterar esas señales.
El oxígeno, en cambio, deja una “firma” más fiable. Al comparar rocas lunares con meteoritos conocidos, los investigadores estimaron que solo alrededor del 1 % del regolito analizado procede de material de impacto, principalmente de meteoritos carbonáceos.
Meteoritos sí, pero no los océanos
Ese porcentaje permitió fijar un límite máximo al agua que pudieron aportar los impactos tardíos. El resultado es claro: durante el llamado Bombardeo Intenso Tardío, los meteoritos solo entregaron una fracción mínima del agua presente hoy en la Tierra.
Aunque el agua cubre más del 70 % de la superficie terrestre, representa una proporción muy pequeña de su masa total. Aun así, la cantidad absoluta es enorme, y el estudio concluye que ese volumen no puede explicarse solo con aportes externos. Como resumió uno de los autores, los meteoritos contribuyeron, pero no fueron la fuente principal.
Implicaciones para la exploración futura
Curiosamente, ese aporte reducido sí pudo ser decisivo para la propia Luna. Hoy se sabe que existe hielo en regiones permanentemente en sombra, sobre todo en los polos. Por ello, futuras bases lunares —proyectadas por varias agencias espaciales— podrían aprovechar ese recurso para sostener misiones humanas.
El trabajo, publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, demuestra que las muestras lunares siguen ofreciendo respuestas clave. Entender cuánta agua llegó del espacio no solo reescribe la historia de la Tierra, sino que también ayuda a comprender por qué nuestro planeta terminó siendo habitable.
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