Un nuevo estudio publicado en Science Advances revela que los llamados synchronous fire weather days —jornadas con calor, sequedad y viento extremos en varias regiones del mundo de forma simultánea— casi se han triplicado desde 1979. No se trata de una fluctuación pasajera, sino de una tendencia sostenida.

Cuando el clima se alinea a favor del fuego

La investigación, liderada por Cong Yin, analizó más de cuatro décadas de datos climáticos globales. A finales de los años setenta apenas se registraban unas pocas decenas de días al año con condiciones sincronizadas favorables a incendios. En 2023 y 2024, esa cifra superó los 60 días anuales a escala global.

El aumento es especialmente marcado en América. En el territorio continental de Estados Unidos, los días con este tipo de clima pasaron de menos de diez por año a cerca de cuarenta en la última década. En el sur de Sudamérica, el salto es aún más abrupto: de apenas cinco o seis días anuales a más de setenta, con un máximo de 118 días en 2023.

Como resume Earth.org, el problema ya no es solo la frecuencia del fuego, sino su simultaneidad global, un factor que multiplica los riesgos.

Más del 60 % del aumento tiene origen humano

Para determinar si esta tendencia responde a variabilidad natural o al calentamiento global, los autores utilizaron simulaciones climáticas que recrean un mundo sin el aumento de gases de efecto invernadero. Al comparar esos escenarios con el clima observado, la conclusión fue clara: más del 60 % del incremento global en los días extremos sincronizados se explica por la influencia humana.

El calentamiento intensifica tres procesos clave. Eleva las temperaturas y seca la vegetación, reduce la humedad del suelo y del aire, y modifica los patrones de circulación atmosférica. Cuando estos factores coinciden en distintas regiones al mismo tiempo, el riesgo de incendios se dispara de forma coordinada.

El desafío de un planeta que arde en simultáneo

La sincronización del fuego tiene implicancias prácticas inmediatas. Tal como explican análisis recogidos por Phys.org, cuando varias regiones enfrentan condiciones extremas de manera simultánea, se reduce la capacidad de respuesta internacional. Los recursos para combatir incendios —aviones, brigadas especializadas, apoyo logístico— no pueden desplazarse con la misma eficacia cuando todos los focos están activos al mismo tiempo.

A esto se suma el impacto sanitario. Los grandes incendios empeoran la calidad del aire y elevan la concentración de partículas finas, un fenómeno documentado por Climate Central, que se traduce en aumentos medibles de problemas respiratorios y cardiovasculares.

Un cambio estructural, no una excepción

Este fenómeno no aparece de la nada. Décadas de investigación ya habían demostrado que el cambio climático altera los regímenes de fuego y prolonga las temporadas de incendios. La novedad es la escala global y sincronizada del proceso.

El planeta no solo es más caliente. Es, climáticamente, más inflamable. Y cuando las condiciones extremas se alinean en varios continentes al mismo tiempo, los incendios dejan de ser episodios aislados para convertirse en un rasgo estructural del clima contemporáneo.

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