El universo tiene una edad estimada de unos 13.800 millones de años, una cifra que proviene de modelos cosmológicos basados en la expansión del cosmos desde el Big Bang. Sin embargo, en los últimos años ha surgido un problema conocido como Tensión de Hubble, una discrepancia entre diferentes métodos para medir la expansión del universo.
Para intentar comprender mejor esta diferencia, algunos investigadores han recurrido a una estrategia distinta: observar las estrellas más antiguas de la galaxia. Si estas estrellas se formaron poco después del origen del universo, su edad puede ofrecer una referencia independiente para estimar cuánto tiempo ha pasado desde el inicio de la expansión cósmica.
Cómo se calcula la edad del universo
La edad del universo se estima principalmente a partir de modelos que describen su evolución desde el Big Bang. Uno de los parámetros más importantes de estos cálculos es la Constante de Hubble, que mide la velocidad a la que el universo se expande.
Para obtener este valor, los científicos utilizan diversas observaciones astronómicas. Una de las más precisas proviene de la Radiación cósmica de fondo de microondas, la luz más antigua observable del universo. Analizando esta radiación, los cosmólogos pueden ajustar los parámetros del modelo cosmológico estándar, conocido como Modelo Lambda‑CDM.
En este modelo, el término “Lambda” representa la energía oscura, responsable de la aceleración de la expansión del universo, mientras que “CDM” se refiere a la materia oscura fría, un componente invisible que influye en la formación de estructuras cósmicas.
Al integrar matemáticamente estos parámetros se obtiene una estimación de la edad del universo cercana a los 13.800 millones de años.

El problema de la tensión de Hubble
El desafío surge porque distintos métodos para medir la constante de Hubble producen resultados ligeramente diferentes.
Las mediciones basadas en la radiación cósmica de fondo suelen indicar un valor más bajo de la constante de expansión. En cambio, las observaciones de galaxias cercanas, usando cefeidas y supernovas de tipo Ia como indicadores de distancia, sugieren una expansión algo más rápida.
Esta diferencia no es enorme, pero sí lo suficientemente significativa como para generar debate en la comunidad científica. Si la expansión real del universo fuera más rápida de lo que predice el modelo estándar, entonces el universo podría ser algo más joven de lo que se estima actualmente.
Las estrellas antiguas como “fósiles cósmicos”
Para abordar este problema desde otra perspectiva, los científicos han estudiado la edad de algunas de las estrellas más antiguas de la Vía Láctea.
Estas estrellas se formaron poco después de que el universo comenzara a generar las primeras generaciones estelares. Por lo tanto, el universo no puede ser más joven que ellas. Su edad establece un límite inferior fiable para la edad del cosmos.
Para este análisis, los investigadores utilizaron datos del Gaia, el telescopio espacial de la Agencia Espacial Europea, que ha proporcionado mediciones extremadamente precisas de posiciones, paralajes y espectros de millones de estrellas.
Gracias a esta información, los científicos pudieron calcular parámetros fundamentales como la masa, la temperatura y la luminosidad estelar. Con estos datos seleccionaron un pequeño grupo de estrellas extremadamente antiguas cuyas edades podían estimarse con mayor fiabilidad.
El resultado fue sorprendentemente coherente con las predicciones cosmológicas.

Una edad cercana a 13.600 millones de años
Analizando una muestra de aproximadamente 100 estrellas muy antiguas, los investigadores obtuvieron una edad estimada de unos 13.600 millones de años.
Este valor es ligeramente inferior a la edad cosmológica del universo, algo que tiene sentido: las primeras estrellas no se formaron inmediatamente después del Big Bang, sino varios cientos de millones de años más tarde.
Lo importante es que esta estimación coincide muy bien con las predicciones del modelo Lambda-CDM, lo que refuerza la coherencia entre las observaciones astronómicas y las teorías cosmológicas actuales.
Una prueba independiente para la cosmología moderna
El estudio no resuelve por completo la tensión de Hubble, pero sí aporta una pieza importante al rompecabezas. Si las estrellas más antiguas tienen edades cercanas —pero ligeramente inferiores— a las estimaciones cosmológicas, eso sugiere que la cronología general del universo sigue siendo consistente.
En otras palabras, las estrellas más antiguas funcionan como testigos del pasado cósmico. Sus edades registran las primeras etapas de la formación estelar y permiten comprobar si los modelos que describen la evolución del universo son compatibles con lo que realmente observamos.
Por ahora, las evidencias indican que sí. Y eso significa que, aunque todavía existan preguntas abiertas sobre la expansión del universo, la estructura básica de la cosmología moderna continúa resistiendo el paso del tiempo… incluso el de 13.800 millones de años.
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