Durante años, el océano ha sido uno de los grandes enigmas del clima global. Sabemos que absorbe enormes cantidades de carbono, pero muchos de sus procesos internos seguían siendo invisibles.
Ahora, investigadores de la Universidad de Manchester han logrado algo clave: visualizar cómo se mueve el carbono orgánico disuelto entre el agua de mar y los sedimentos oceánicos utilizando inteligencia artificial.
Un proceso clave que no se podía medir
El carbono orgánico disuelto es una pieza fundamental del ciclo del carbono, pero extremadamente difícil de cuantificar.
Cuando la materia orgánica cae al fondo marino, parte de ese carbono no queda enterrado. Se transforma, circula y vuelve al océano, afectando directamente el equilibrio climático del planeta.
El problema es que los modelos tradicionales eran demasiado complejos, lentos y poco estables para analizar este proceso a escala global.
La solución inesperada: IA más simple, resultados más precisos
Para resolver este desafío, los científicos desarrollaron un enfoque basado en inteligencia artificial que replica modelos físicos complejos, pero de forma mucho más eficiente.
Lo sorprendente fue el resultado: los algoritmos más simples superaron a los más sofisticados.
Este hallazgo respalda el principio conocido como la Navaja de Ockham: en muchos casos, la solución más sencilla es la más eficaz.

Lo que descubrieron bajo el océano
Los resultados del estudio revelan datos clave sobre el funcionamiento del sistema:
- El 11 % del carbono orgánico que llega al fondo marino vuelve al agua como carbono disuelto
- Un 24 % queda atrapado en minerales
- Casi la mitad del carbono en los sedimentos superficiales proviene de este carbono disuelto
Estos datos cambian la forma en que se entiende el papel del océano en el almacenamiento de carbono a largo plazo.
Por qué esto importa para el cambio climático
Hasta ahora, muchas de estas dinámicas eran imposibles de modelar con precisión. Con este nuevo enfoque, los científicos pueden integrar estos procesos en modelos climáticos globales.
Esto abre la puerta a algo aún más importante: simular posibles estrategias de mitigación del cambio climático basadas en los océanos.
Un nuevo rol para la inteligencia artificial
Más allá de los debates sobre sus riesgos, este estudio muestra el potencial real de la inteligencia artificial en la ciencia.
Gracias a este avance, el océano deja de ser una “caja negra” en el sistema climático.
Y entender cómo respira el carbono en sus profundidades puede ser
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