El paisaje helado de Alaska está cambiando a una velocidad que preocupa a los expertos. Allí donde antes los glaciares actuaban como una especie de sostén natural para las montañas, hoy quedan paredes de roca expuestas, inestables y cada vez más vulnerables al colapso. El resultado no es solo geológico: también puede convertirse en una amenaza directa para embarcaciones, turistas y comunidades cercanas.
Un derrumbe gigantesco que sacudió el fiordo Tracy Arm
El episodio más reciente tuvo lugar en el fiordo Tracy Arm, en el sureste de Alaska, donde una enorme masa de roca cayó sobre el agua y generó una ola de dimensiones extraordinarias. Según el análisis citado en el texto original, el deslizamiento ocurrió el 10 de agosto de 2025 y movilizó un volumen rocoso 24 veces mayor que la Gran Pirámide de Guiza. El impacto elevó el agua más de 480 metros sobre la ladera opuesta, una cifra que permite entender la violencia del fenómeno.
Aunque el evento duró apenas un minuto, sus efectos fueron suficientes para dejar una señal clara del peligro. La ola se propagó rápidamente por el fiordo y después dio lugar a un seiche, una oscilación rítmica del agua que puede mantenerse durante horas dentro de espacios cerrados o semicerrados, como bahías, lagos o fiordos. En este caso, esa inestabilidad persistió durante 36 horas.
El hielo desaparece y las montañas pierden estabilidad
La clave del problema está en el retroceso de los glaciares. Durante siglos, el hielo funcionó como un soporte lateral para muchas pendientes rocosas. Cuando ese hielo se retira, las laderas quedan liberadas de esa presión y pueden comenzar a fracturarse o desplazarse. A esto se suma el deshielo del permafrost, que puede favorecer la entrada de agua en grietas y aumentar la inestabilidad del terreno.
El caso de Tracy Arm no aparece como un episodio aislado, sino como parte de una tendencia que inquieta a geólogos y glaciólogos. En otros puntos de Alaska, como Barry Arm, ya se vigilan laderas con movimientos lentos que podrían desencadenar colapsos de gran magnitud. El problema es que no todos los desprendimientos muestran señales claras antes de producirse, lo que vuelve muy difícil anticiparlos con precisión.
Una amenaza creciente para el turismo y la navegación
La preocupación aumenta porque estas zonas no están vacías. Fiordos como Tracy Arm reciben cruceros, embarcaciones turísticas, kayaks y actividad vinculada al tránsito marítimo. En el episodio analizado, un crucero con 150 pasajeros se encontraba fuera del fiordo en ese momento, una circunstancia que evitó una tragedia mayor. Los testimonios de campistas y navegantes describieron subidas repentinas del nivel del agua y arrastre de equipos.
Los sistemas actuales de vigilancia combinan imágenes satelitales, radares e información sísmica, pero su cobertura todavía es limitada. Algunas señales previas pueden pasar desapercibidas, y muchas áreas remotas no cuentan con una monitorización continua. Por eso, los expertos advierten que el nuevo escenario climático no solo transforma el paisaje: también obliga a repensar los mapas de riesgo en las regiones polares.
A medida que los glaciares retroceden, Alaska entra en una etapa más incierta. Las montañas, antes contenidas por el hielo, empiezan a comportarse de otro modo, y cada fiordo puede esconder una amenaza difícil de ver hasta que ya es demasiado tarde.
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