El telescopio espacial James Webb cambió la manera de mirar el universo gracias a sus instrumentos infrarrojos, capaces de revelar galaxias lejanas, estudiar atmósferas de exoplanetas y observar regiones ocultas por polvo cósmico. Pero la NASA ya prepara otro observatorio que promete ampliar todavía más esa capacidad: el telescopio espacial Nancy Grace Roman, una misión pensada para mirar grandes porciones del cielo con una precisión inédita.
Un telescopio con una mirada mucho más amplia
El Nancy Grace Roman, conocido simplemente como Roman, lleva el nombre de la primera astrónoma jefa de la NASA, considerada además una figura clave en el desarrollo del Hubble. Su lanzamiento está previsto para finales de 2026 y su gran diferencial será la combinación entre profundidad de observación y amplitud de campo. Según la NASA, podrá cubrir una zona del cielo al menos 100 veces mayor que la del Hubble.
Esa característica lo convierte en una herramienta especialmente valiosa para estudiar exoplanetas, discos de formación planetaria y fenómenos vinculados a la energía oscura, uno de los grandes enigmas de la cosmología actual. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que Roman también podría tener un papel inesperado en la búsqueda de estrellas de neutrones, algunos de los objetos más extremos del universo.
El coronógrafo que puede apagar el brillo de las estrellas
Uno de los instrumentos más importantes del telescopio será su coronógrafo, un sistema formado por máscaras, prismas y espejos diseñado para reducir el resplandor de las estrellas. Ese brillo suele ocultar objetos cercanos mucho más débiles, como planetas en formación o cuerpos compactos que apenas emiten luz detectable.
La idea es simple, aunque técnicamente compleja: si se consigue bloquear o suavizar la luz dominante de una estrella, aparecen detalles que de otro modo quedarían perdidos. En ese margen de oscuridad pueden esconderse planetas, discos de polvo o incluso señales indirectas de objetos invisibles, como las estrellas de neutrones.
Estas estrellas son los restos ultradensos que quedan tras la explosión de una estrella masiva en forma de supernova. Su materia está comprimida hasta límites extremos: pueden concentrar una masa similar a la del Sol en un volumen comparable al tamaño de Manhattan. Por eso, aunque sean pequeñas y tenues, su gravedad es enorme.
Microlentes para pesar lo invisible
La clave para detectarlas podría estar en la microlente gravitacional. Este fenómeno ocurre cuando un objeto pasa delante de una estrella lejana y su gravedad curva el espacio-tiempo, intensificando temporalmente la luz de esa estrella de fondo. Hasta ahora, muchas detecciones se basaban en medir ese aumento de brillo. Roman, en cambio, podría ir un paso más allá.
Según el estudio publicado en Astronomy and Astrophysics, el telescopio no solo podrá registrar el cambio de brillo, sino también el pequeño desplazamiento aparente de la posición de la estrella de fondo. Esa combinación de fotometría y astrometría permitiría calcular de forma directa la masa del objeto que pasó por delante, incluso si ese objeto no puede verse.
Paul McGill, del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore y coautor del trabajo, explicó que la fotometría indica que algo cruzó frente a una estrella, pero es la desviación en su posición la que permite estimar el peso del objeto oculto. En otras palabras, Roman podría detectar y medir cuerpos casi invisibles a partir de la huella gravitacional que dejan en la luz.
Lo llamativo es que esta capacidad no era el objetivo original del diseño del telescopio. Aun así, podría convertirse en una de sus funciones más importantes. Si las predicciones se cumplen, el Nancy Grace Roman no solo ayudará a estudiar planetas y energía oscura: también podría transformar la búsqueda de estrellas de neutrones perdidas en la oscuridad del cosmos.
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