El calentamiento global suele asociarse con sequías, olas de calor, pérdida de hábitats o cambios en la distribución de las especies. Sin embargo, un estudio realizado en el Gran Chaco argentino revela un efecto menos esperado: algunos primates podrían estar aumentando de peso a medida que suben las temperaturas. El caso fue observado en los monos mirikiná, una especie nativa de Sudamérica estudiada durante más de dos décadas en Formosa.
Un resultado que contradice una regla histórica
Desde el siglo XIX, la llamada regla de Bergmann sostiene que los animales de sangre caliente tienden a ser más grandes en climas fríos y más pequeños en climas cálidos. La explicación es física: un cuerpo voluminoso conserva mejor el calor, mientras que uno más pequeño lo pierde con mayor facilidad.
Por eso, frente al calentamiento global, muchos científicos esperaban que distintas especies redujeran su tamaño corporal con el tiempo. Ese patrón ya se había observado en aves, roedores y peces. Pero los mirikiná de Formosa muestran algo distinto: hoy pesan más que los individuos registrados hace 25 años.
El estudio, publicado en Proceedings of the Royal Society B, fue realizado por investigadores de la Universidad de Yale y de Argentina. El equipo analizó 287 mediciones de peso de 180 monos mirikiná entre 1999 y 2023. En ese período, los adultos reproductivos aumentaron aproximadamente 20 gramos por década, lo que equivale a unos 50 gramos más respecto del inicio del seguimiento.

Por qué el calor podría hacerlos ganar peso
La clave estaría en el primer año de vida. Según los investigadores, cuando las crías atraviesan sus primeros meses en un ambiente más cálido, gastan menos energía en mantener estable su temperatura corporal. Esa energía que antes se usaba para calentarse podría quedar disponible y transformarse en mayor masa corporal.
Este mecanismo se conoce como plasticidad fenotípica: la capacidad de un organismo para modificar ciertas características físicas en respuesta al ambiente, sin que necesariamente haya cambios genéticos. En este caso, los monos no habrían evolucionado hacia un mayor tamaño, sino que estarían respondiendo de manera flexible a temperaturas más altas durante el desarrollo temprano.
Entre 1999 y 2023, la temperatura media diaria de la región aumentó más de un grado, pasando de 22,2 °C a 23,8 °C. Al comparar distintas variables, como disponibilidad de frutos, edad, reproducción y alimentación, la temperatura durante el primer año de vida fue la que mostró la relación más fuerte con el peso adulto.
Un cambio pequeño con una advertencia grande
El aumento de peso observado representa alrededor del 4% del peso adulto promedio. Puede parecer poco, pero en animales pequeños como los mirikiná es una variación relevante. Además, la longitud corporal no cambió de forma comparable, lo que sugiere que no crecieron más en tamaño general, sino que acumularon más masa.
Los investigadores advierten que este margen de adaptación tiene límites. Si las temperaturas siguen subiendo, la flexibilidad biológica podría agotarse y empezarían a aparecer efectos más graves, como cambios en la mortalidad o en la capacidad de algunos individuos para sobrevivir.
El hallazgo también deja preguntas abiertas. Aunque la relación con el calentamiento es fuerte, los científicos reconocen que todavía no puede descartarse por completo la influencia de otros factores, como cambios en depredadores, enfermedades o función inmune.
El Proyecto Mirikiná acumula más de 28 años de datos continuos en Formosa, una base excepcional para entender cómo el cambio climático transforma a la fauna silvestre. Y este estudio muestra que sus efectos no siempre siguen las predicciones más simples: en algunos casos, el calor no adelgaza a los animales, sino que puede hacerlos más pesados.
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