La exploración espacial no depende solo de cohetes más potentes. También necesita resolver un problema mucho menos visible, pero decisivo: cómo llevar y gestionar combustible fuera de la Tierra. Para avanzar en esa dirección, la NASA prepara el lanzamiento de LOXSAT, un pequeño satélite que funcionará como prueba de una futura “estación de servicio” en órbita.

Un satélite para probar combustible en microgravedad

LOXSAT será desarrollado por Eta Space, una empresa con sede en Florida, y viajará a bordo de un cohete Photon de Rocket Lab. Su misión será demostrar que el oxígeno líquido puede almacenarse y transferirse de un tanque a otro en condiciones reales de microgravedad.

El desafío técnico no es menor. El oxígeno líquido debe mantenerse a unos -183 °C, una temperatura extremadamente baja. En el espacio, controlar este tipo de combustible criogénico exige manejar presión, evaporación, medición precisa y transferencia sin pérdidas significativas.

Durante aproximadamente nueve meses, la misión pondrá a prueba once tecnologías distintas de gestión de fluidos criogénicos. Entre ellas se incluyen sistemas de control automático de presión, sensores de precisión y mecanismos diseñados para mover combustible sin la ayuda de la gravedad terrestre.

Por qué esto importa para volver a la Luna

La prueba llega en un momento clave para el programa Artemis, con el que la NASA busca llevar nuevamente astronautas a la superficie lunar. Tanto el módulo Blue Moon de Blue Origin como Starship de SpaceX utilizan oxígeno líquido como parte de sus sistemas de propulsión.

El problema es que todavía falta demostrar que estas naves pueden almacenar combustible criogénico durante largos periodos en el vacío del espacio. En el caso de Starship, además, una misión lunar podría requerir múltiples vuelos de reabastecimiento en órbita antes de emprender el viaje hacia la Luna.

Eso implica operaciones costosas, complejas y con riesgos técnicos. Si LOXSAT demuestra que el combustible puede transferirse de manera eficiente entre tanques en órbita, la arquitectura de futuras misiones podría cambiar por completo.

Una nueva forma de viajar por el espacio

La idea de repostar en órbita permitiría lanzar naves más ligeras desde la Tierra y cargar combustible una vez que ya estén en el espacio. Esto modificaría las limitaciones actuales de masa y abriría nuevas posibilidades para misiones lunares, marcianas y de exploración profunda.

Eta Space ya proyecta un sistema más ambicioso llamado Cryo-Dock, un depósito comercial de combustible criogénico en órbita terrestre baja. Si la tecnología avanza como esperan sus desarrolladores, podría estar operativo alrededor de 2030.

Ese tipo de infraestructura convertiría la órbita terrestre en una plataforma logística. En lugar de que cada nave despegue con todo el combustible necesario para completar un viaje de ida y vuelta, podría repostar antes de continuar hacia destinos más lejanos.

La misión LOXSAT no será tan vistosa como un alunizaje, pero puede resultar igual de importante. Si funciona, demostrará que el espacio no solo puede ser un lugar de paso, sino también una zona de abastecimiento. Y esa capacidad podría ser una de las claves para que las próximas misiones humanas lleguen más lejos que nunca.

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