La obesidad en perros y gatos se convirtió en uno de los problemas más frecuentes de la medicina veterinaria. Aunque muchas veces se la reduce a una cuestión de alimentación, una nueva revisión científica plantea que el problema es mucho más complejo. No alcanza con bajar calorías: también hay que mirar los hábitos del hogar, las conductas aprendidas del animal y la forma en que el tutor interpreta su peso.

Un problema que muchos tutores no detectan

Según los registros veterinarios analizados en Europa, América y Asia, cerca de la mitad de los perros y gatos adultos tiene sobrepeso u obesidad. El dato preocupa porque el exceso de peso no es solo una cuestión estética: puede acortar la vida del animal y aumentar el riesgo de dolor articular, diabetes, enfermedades cardíacas y pérdida de calidad de vida.

La investigación, publicada en la revista Animals, fue realizada por Rimini Quinn y Anne Quain, de la Escuela de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Sídney, Australia. Las especialistas señalan que, en la mayoría de los casos, los tutores no llevan a sus mascotas al veterinario por obesidad. Son los profesionales quienes suelen detectarla durante una consulta por otro motivo.

Uno de los obstáculos más grandes es la llamada “ceguera de peso”. Muchos tutores no reconocen que su perro o gato está por encima de su condición corporal ideal. Incluso cuando ven fotografías comparativas, tienden a subestimar el exceso de peso.

Por qué la obesidad en perros y gatos no se resuelve solo cambiando la dieta
Magnific

Cuando el vínculo también pesa

Los planes tradicionales suelen concentrarse en reducir la comida y aumentar el ejercicio. Sin embargo, las tasas de abandono son altas y algunos animales incluso suben de peso durante el tratamiento. Para las investigadoras, esto ocurre porque se deja de lado una parte central del problema: el comportamiento.

Muchos animales aprenden a pedir comida porque esa conducta fue premiada en el pasado. Si el perro insiste junto a la mesa y alguna vez recibe un bocado, aprende que insistir funciona. Cuando el tutor intenta dejar de darle premios, el animal puede intensificar la conducta durante un tiempo. Ese fenómeno, conocido como “estallido de extinción”, hace que muchas personas terminen cediendo.

Por eso, el vínculo entre el animal y su tutor puede ser tan determinante como la dieta. La comida no solo alimenta: también se usa para demostrar afecto, calmar culpa o reforzar rutinas familiares.

Por qué la obesidad en perros y gatos no se resuelve solo cambiando la dieta
Magnific

Qué recomiendan las investigadoras

Quinn y Quain proponen un enfoque más amplio. Recomiendan pesar al animal en cada consulta, llevar un registro completo de lo que come —incluidos premios, sobras y snacks— y evaluar su condición corporal con herramientas claras.

También sugieren reemplazar parte de la alimentación pasiva por juegos de búsqueda, comederos interactivos o actividades que permitan expresar conductas naturales sin sumar calorías innecesarias. En perros que piden comida durante el almuerzo o la cena familiar, una estrategia útil puede ser ofrecer antes un juguete o elemento seguro para masticar, de modo que realicen una actividad incompatible con acercarse a la mesa.

La conclusión es clara: tratar la obesidad animal exige mirar más allá del plato. El éxito depende de la nutrición, pero también de los hábitos del hogar, la educación del tutor y una relación afectiva que no gire siempre alrededor de la comida.

🔬 ¿Te fascina la ciencia? Suscribite a nuestro canal de YouTube para contenido científico que te va a volar la cabeza.

▶ Suscribirme
0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest

0 Comments

Trending