Seguir un Mundial en vivo puede ser una experiencia inolvidable, pero también exigente para el cuerpo. Entre vuelos, cambios de ciudad, horarios de partidos y traslados constantes, miles de hinchas se enfrentan a un rival que no aparece en la cancha: el jet lag. Este trastorno temporal ocurre cuando el reloj biológico interno queda desfasado respecto al horario del destino.

Qué le pasa al cuerpo cuando cruza varios husos horarios

El jet lag aparece especialmente al atravesar tres o más zonas horarias en poco tiempo. Aunque una persona llegue físicamente a otro país, su organismo puede seguir funcionando con el horario de origen. Eso altera los ritmos circadianos, encargados de regular el sueño, la vigilia, la temperatura corporal, la digestión y la secreción de hormonas como la melatonina.

Los síntomas más comunes incluyen cansancio intenso, dificultad para dormir, confusión mental, falta de concentración, irritabilidad, dolor de cabeza y molestias digestivas. Para quienes viajan para ver partidos, esa combinación puede afectar el disfrute, la energía y hasta la capacidad de adaptarse a una agenda cargada.

La dirección del viaje también importa. Viajar hacia el oeste suele ser más fácil para el cuerpo porque implica alargar el día. En cambio, viajar hacia el este obliga a adelantar el reloj interno, algo que suele resultar más difícil. Como regla general, el organismo puede necesitar cerca de un día por cada huso horario cruzado para adaptarse por completo.

Cómo prepararse antes del vuelo

Una de las mejores estrategias es empezar la adaptación antes de viajar. Si el destino queda hacia el este, conviene acostarse y levantarse un poco antes durante los días previos. Si el viaje es hacia el oeste, puede ayudar retrasar gradualmente el horario de sueño.

También es útil ajustar los horarios de comida, llegar al vuelo bien descansado y evitar acumular falta de sueño antes de partir. Cuanto más agotado llegue el cuerpo al viaje, más difícil será adaptarse al nuevo horario.

En algunos casos, la melatonina puede ayudar a conciliar el sueño durante la transición, pero debe usarse como suplemento y bajo orientación profesional, especialmente si la persona toma medicación o tiene condiciones de salud previas.

Qué hacer durante el vuelo

La hidratación es clave. Beber agua durante el viaje ayuda a reducir el malestar, mientras que el alcohol y el exceso de cafeína pueden empeorar la deshidratación y alterar el descanso.

Moverse también importa. Levantarse, caminar por el pasillo o realizar ejercicios simples desde el asiento favorece la circulación y reduce la sensación de pesadez. Si durante el vuelo es de noche en el destino, intentar dormir puede facilitar la adaptación. Antifaz, tapones para los oídos y ropa cómoda pueden ayudar.

La luz solar, el gran regulador

Al llegar, el objetivo principal es sincronizarse con el horario local lo antes posible. La luz natural es la herramienta más poderosa para reajustar el reloj biológico. Quienes viajan hacia el este suelen beneficiarse de la exposición a la luz de la mañana, mientras que quienes viajan hacia el oeste pueden priorizar la luz de la tarde.

También conviene comer según el horario local, evitar siestas largas y limitar los descansos diurnos a unos 20 o 30 minutos. Dormir demasiado durante el día puede dificultar el sueño nocturno y prolongar el desajuste.

El jet lag suele resolverse en pocos días, pero puede ser más intenso en viajes largos o con itinerarios muy cargados. Si los síntomas persisten, afectan la calidad de vida o impiden descansar, lo recomendable es consultar con un especialista.

En un Mundial, el cansancio parece parte del viaje. Pero cuidar el sueño, la luz, el agua y los horarios puede marcar la diferencia entre vivir los partidos agotado o disfrutarlos con el cuerpo realmente preparado.

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