La investigación fue publicada en la revista Frontiers in Aging y se centró en dos variantes específicas de PFAS, un amplio grupo de compuestos industriales utilizados desde mediados del siglo XX. Aunque muchos de estos químicos fueron introducidos como alternativas “más seguras”, los resultados sugieren que podrían no ser tan inofensivos como se pensaba.
Qué son los PFAS y por qué generan preocupación
Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas como PFAS, se utilizan por su resistencia al agua, la grasa y el calor. Están presentes en utensilios de cocina antiadherentes, envases de alimentos, textiles impermeables, tapicerías y espumas contra incendios.
Su principal problema es su extraordinaria estabilidad química. Los enlaces carbono-flúor que los caracterizan hacen que apenas se degraden en el ambiente o dentro del cuerpo humano. Por eso se los conoce como “químicos eternos”: pueden persistir durante siglos y acumularse progresivamente en tejidos y órganos.
Actualmente existen más de 12.000 variantes de PFAS en uso. Mientras que algunos compuestos históricos ya fueron restringidos por su relación con cáncer, enfermedades cardiovasculares y alteraciones hormonales, la industria ha desarrollado nuevas versiones con estructuras ligeramente modificadas, pero con riesgos aún poco estudiados.

El foco del estudio: PFNA y PFOSA
El trabajo fue liderado por Xiangwei Li, epidemiólogo de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, y analizó dos compuestos considerados alternativas modernas: el ácido perfluorononanoico (PFNA) y la perfluorooctanosulfonamida (PFOSA).
Para el análisis, los investigadores utilizaron datos del National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), un estudio poblacional de Estados Unidos que incluyó muestras de sangre de 326 adultos mayores. En casi el 95 % de los participantes se detectó la presencia de PFNA y PFOSA, lo que indica una exposición generalizada.
Cómo midieron el envejecimiento biológico
En lugar de usar indicadores tradicionales, el equipo recurrió a doce relojes epigenéticos basados en la metilación del ADN. Estas herramientas permiten estimar la edad biológica real del organismo y detectar si una persona está envejeciendo más rápido o más lento de lo esperado para su edad cronológica.
Los resultados mostraron una asociación clara entre niveles elevados de PFNA y envejecimiento epigenético acelerado en hombres de entre 50 y 64 años. En las mujeres, en cambio, no se observó el mismo patrón.

Por qué el efecto se observa sobre todo en hombres
Aunque el estudio no detectó diferencias significativas en los niveles de PFAS entre hombres y mujeres, sí encontró una respuesta biológica distinta. Una posible explicación es que ciertos marcadores de envejecimiento están influenciados por factores como el tabaquismo o el metabolismo hormonal, que podrían amplificar el impacto de estos contaminantes en varones.
Además, investigaciones previas indican que los hombres tienden a acumular más PFAS a lo largo del tiempo, mientras que las mujeres pueden eliminarlos con mayor rapidez a través del embarazo, la lactancia y la menstruación. Esta diferencia se atenúa después de la menopausia.
El cardiólogo e investigador Eric Topol ha señalado en diversas ocasiones que la exposición crónica a PFAS representa un riesgo creciente para la salud pública. “No desaparecen. Simplemente se acumulan”, advirtió al referirse a estos compuestos presentes en el agua, el aire y los alimentos.
Una asociación, no una condena definitiva
Los autores subrayan que el estudio no prueba una relación causal directa. Es decir, no puede afirmarse que los PFAS provoquen por sí solos el envejecimiento acelerado, sino que existe una asociación estadística que merece ser investigada con mayor profundidad.
Sin embargo, el hallazgo es relevante porque apunta a la mediana edad como una ventana biológica especialmente sensible. En esta etapa, el organismo puede volverse más vulnerable a factores estresantes ambientales, amplificando sus efectos a largo plazo.
Un llamado a revisar lo cotidiano
El trabajo suma evidencia a un debate cada vez más presente: el impacto silencioso de los químicos persistentes en la salud humana. Productos diseñados para facilitar la vida diaria podrían estar influyendo en procesos biológicos profundos, como el envejecimiento.
Lejos de generar alarma inmediata, el estudio invita a repensar la exposición crónica a estas sustancias y a profundizar la investigación sobre alternativas realmente seguras. Porque, en muchos casos, el paso del tiempo no es el único factor que marca cómo envejece el cuerpo.
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