Los llamados “químicos eternos” ya no son solo una preocupación urbana o industrial. Un nuevo estudio detectó la presencia de PFAS en pingüinos de Magallanes que anidan en la costa de Chubut, en la Patagonia argentina. El hallazgo muestra que estos compuestos, utilizados durante décadas en productos cotidianos e industriales, también llegan a ecosistemas remotos y poco poblados.
Qué son los PFAS y por qué preocupan
Los PFAS, o sustancias per y polifluoroalquílicas, son compuestos artificiales presentes en sartenes antiadherentes, envases de comida rápida, ropa impermeable, espumas contra incendios y otros productos resistentes al agua, la grasa o las manchas.
El problema es que no se degradan fácilmente en el ambiente. Pueden persistir durante años en el agua, el suelo y los organismos vivos, motivo por el cual se los conoce como “químicos eternos”. En humanos, la exposición a algunos de estos compuestos se ha asociado con alteraciones tiroideas, efectos sobre el sistema inmune y mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer.
Ahora, investigadores de Argentina y Estados Unidos comprobaron que también están presentes en el entorno de los pingüinos de Magallanes.

Una técnica no invasiva para monitorear contaminación
El estudio fue publicado en la revista Earth: Environmental Sustainability y contó con la participación de científicos de SUNY Buffalo, la Universidad de California en Davis, el CONICET y otros centros de investigación argentinos.
Para medir la exposición ambiental, los investigadores colocaron pequeñas bandas de silicona en las patas de 55 pingüinos durante tres temporadas de cría, entre 2022 y 2025. Las aves portaron las bandas entre dos y nueve días, sin señales visibles de estrés ni dolor.
Estas bandas funcionan como “esponjas químicas”: absorben contaminantes presentes en los lugares que el animal frecuenta, como el nido, la costa y el mar. A diferencia de muestras de sangre o plumas, que reflejan principalmente lo incorporado por la dieta, este método permite registrar la exposición externa al ambiente.
Contaminantes prohibidos y compuestos nuevos
Los análisis detectaron PFAS en el 90,7% de las bandas estudiadas. En total, se identificaron nueve compuestos: cinco considerados heredados, usados principalmente antes del año 2000, y cuatro de nueva generación, desarrollados como sustitutos.
Entre los contaminantes detectados apareció el PFOS, una sustancia prohibida en Argentina desde 2019 en cumplimiento de la Convención de Estocolmo. Aun así, fue hallada en el 13% de las muestras entre 2022 y 2024.
También se detectó el compuesto 6:2 FTS, asociado al uso de espumas contra incendios. Este no apareció en la temporada 2022/2023, pero llegó al 100% de detección en Cabo Dos Bahías durante 2024/2025, con una tendencia creciente tanto en frecuencia como en concentración.
Para los investigadores, estos resultados muestran que los PFAS no permanecen cerca de sus fuentes industriales. Pueden desplazarse largas distancias y llegar a regiones consideradas remotas.
Pingüinos como indicadores del ambiente marino
El estudio sugiere que los pingüinos pueden funcionar como “detectives” de su entorno. Al recorrer zonas de alimentación durante la crianza de sus pichones, registran químicamente lo que encuentran en el mar patagónico.
Los científicos consideran que estos datos pueden ayudar a identificar áreas donde convendría realizar monitoreos más profundos. También proponen combinar en el futuro esta técnica con análisis tradicionales para evaluar mejor los riesgos ambientales y biológicos.
El hallazgo no significa que los pingüinos estén necesariamente intoxicados, ya que las bandas miden exposición externa y no acumulación interna. Pero sí confirma algo inquietante: incluso en una costa con baja densidad de población, los contaminantes persistentes siguen dejando huella.
La Patagonia puede parecer lejana de las grandes fuentes industriales, pero el estudio demuestra que ningún ecosistema está completamente aislado de la contaminación global.
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