La Patagonia argentina volvió a revelar una pieza clave de su pasado prehistórico. Un equipo de investigadores describió una nueva especie de planta fósil de unos 150 millones de años, hallada en rocas jurásicas de Santa Cruz.
La especie fue bautizada Austrohamia vitrea y pertenece al linaje de las coníferas, el gran grupo vegetal que hoy incluye a cipreses, secuoyas, araucarias y alerces. Pero lo más importante no es solo su antigüedad, sino la forma en que se conservó.
Una planta convertida en piedra, célula por célula
En la mayoría de los fósiles vegetales, lo que llega hasta nosotros son impresiones de hojas, ramas o troncos. Es decir, siluetas o marcas externas. Los tejidos internos suelen desaparecer mucho antes de fosilizarse.
En este caso ocurrió algo excepcional. La planta quedó atrapada en un ambiente con intensa actividad volcánica e hidrotermal, donde aguas ricas en sílice infiltraron sus tejidos antes de que se degradaran.
Ese proceso reemplazó la materia orgánica por minerales con un nivel de detalle microscópico. El resultado es casi una fotografía interna de la planta, conservada en piedra durante millones de años.
Una ventana a los bosques del Jurásico
Gracias a esa preservación, los científicos pueden observar células, tejidos conductores y estructuras internas que normalmente se pierden. Esa información ayuda a entender cómo crecía la planta, cómo transportaba agua y cómo respondía al ambiente.
Hace 150 millones de años, la Patagonia tenía un clima mucho más cálido y húmedo que el actual. Sus paisajes estaban cubiertos por bosques de coníferas, helechos arborescentes y otras plantas que convivían con los dinosaurios.
Austrohamia vitrea permite mirar ese mundo con una precisión poco habitual. No solo muestra qué plantas existían, sino cómo estaban construidas por dentro.
Por qué importa el hallazgo
El fósil aporta datos sobre la evolución temprana de las cupresáceas, una familia de coníferas que todavía tiene representantes vivos. También ayuda a reconstruir los ecosistemas jurásicos del hemisferio sur, donde muchas piezas siguen incompletas.
Su valor está en que no funciona solo como una planta fosilizada, sino como un archivo biológico y climático. En sus células petrificadas quedaron guardadas señales del ambiente, del crecimiento y de la historia evolutiva de un bosque desaparecido.
En apenas unos fragmentos de roca, la Patagonia conserva una pista extraordinaria sobre cómo era la vida vegetal cuando los dinosaurios dominaban la Tierra.
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