Un hallazgo fortuito en Neuquén abrió una nueva línea de investigación para paleontólogos y geólogos. En el Valle del Covunco, cerca de Mariano Moreno, aparecieron restos fósiles de un gliptodonte, un enorme mamífero acorazado que habitó Sudamérica durante el Pleistoceno.
El descubrimiento fue realizado por Jorge Necul, un vecino de la zona, que en un primer momento creyó haber encontrado un huevo de dinosaurio. Pero la forma redondeada que asomaba del terreno resultó ser parte de la coraza de un animal mucho más reciente: un pariente gigante de los armadillos actuales.
Un fósil raro para Neuquén
Los gliptodontes son frecuentes en registros fósiles de la región pampeana, pero mucho menos comunes en Neuquén. Por eso, el hallazgo llamó rápidamente la atención de especialistas del Museo Provincial de Ciencias Naturales Profesor Dr. Juan A. Olsacher, de Zapala.
Según las primeras evaluaciones, el ejemplar conserva una parte importante de la coraza y algunos huesos asociados. Esa combinación lo vuelve especialmente valioso, porque permite estudiar no solo la forma externa del animal, sino también detalles de su anatomía.
Los gliptodontes podían medir varios metros de largo, superar una tonelada de peso y estaban cubiertos por una coraza rígida formada por placas óseas. Eran parte de la megafauna sudamericana, el conjunto de grandes mamíferos que dominó el continente antes de extinguirse hacia el final del Pleistoceno.
Un dato que también cambia el mapa geológico
Al principio, se pensó que el fósil podía estar asociado a una formación mucho más antigua. Pero el análisis de las placas de la coraza permitió ubicarlo en el Pleistoceno, con una edad estimada entre 700.000 y un millón de años.
Ese dato sorprendió porque el sedimento donde apareció no estaba registrado en los mapas geológicos de Neuquén. Por eso, el hallazgo no solo aporta información sobre la fauna prehistórica de la Patagonia, sino también sobre la evolución del paisaje en el centro de la provincia.
Una extracción delicada
El próximo paso será retirar el fósil del terreno sin dañarlo. Para eso, los especialistas deberán cubrirlo con yeso y trasladarlo de forma controlada al laboratorio, donde podrá ser limpiado, estabilizado y estudiado con mayor precisión.
Si las primeras hipótesis se confirman, el gliptodonte del Covunco podría convertirse en una pieza clave para reconstruir cómo vivían estos grandes mamíferos en la Patagonia y qué ambientes ocuparon hace casi un millón de años.
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