Ser el primogénito o el segundo hijo no solo cambia la dinámica dentro de una familia. También podría estar relacionado con pequeñas diferencias en el riesgo de recibir determinados diagnósticos médicos, según uno de los mayores estudios realizados hasta ahora sobre el orden de nacimiento.
Investigadores de la Universidad de Chicago y la Universidad de Columbia analizaron los registros de 10,3 millones de personas pertenecientes a 5,1 millones de familias estadounidenses con dos hijos. Después de examinar 569 enfermedades, encontraron asociaciones estadísticamente significativas en 150 de las 418 que contaban con suficientes casos para realizar cálculos fiables.
El resultado no significa que la posición entre los hermanos determine inevitablemente qué enfermedades desarrollará una persona. El trabajo identifica patrones poblacionales y posibles diferencias de diagnóstico, pero no establece una relación directa de causa y efecto.

Los primogénitos mostraron más diagnósticos de autismo y alergias
Los investigadores utilizaron dos estrategias complementarias. Primero compararon a primogénitos y segundos hijos de familias distintas con características similares. Después analizaron directamente las diferencias entre hermanos dentro de una misma familia, lo que ayuda a controlar factores compartidos como el entorno doméstico, parte de la genética y la situación socioeconómica.
En ambos análisis aparecieron patrones similares. Los primogénitos presentaron una mayor frecuencia de diagnósticos relacionados con el neurodesarrollo, incluidos el autismo y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad. También mostraron más alergias alimentarias, rinitis alérgica, asma, acné y algunos trastornos psiquiátricos infantiles.
Los segundos hijos, por otro lado, tuvieron más diagnósticos vinculados con el consumo de sustancias, el herpes zóster y distintos problemas gastrointestinales. Entre ellos aparecieron la gastritis, la duodenitis y el síndrome del intestino irritable.
Aunque el estudio examinó millones de personas, las diferencias individuales fueron generalmente pequeñas. Su importancia aparece principalmente al observar poblaciones muy numerosas.
Compartir microorganismos podría explicar parte del fenómeno
Una de las posibles explicaciones se relaciona con la exposición temprana a microorganismos. El primer hijo pasa sus primeros meses sin hermanos mayores que introduzcan bacterias, virus y otros microbios en el hogar.
Cuando nace el segundo, en cambio, ya existe otro niño que acude a la escuela, juega con otras personas y transporta una mayor diversidad microbiana. Esa exposición podría contribuir a entrenar el sistema inmunitario y reducir el riesgo de algunas respuestas alérgicas.
El estudio también encontró que los hermanos separados por menos de cuatro años presentaban menores tasas de algunas alergias y de asma que aquellos con diferencias de edad mayores. Los autores consideran que una convivencia más estrecha podría favorecer el intercambio de microorganismos.
Para los trastornos de consumo de sustancias entre los segundos hijos, se han planteado explicaciones sociales. Los hermanos menores podrían entrar antes en contacto con determinadas conductas a través de los mayores, aunque los datos disponibles no permiten confirmar ese mecanismo.
Los registros médicos también pueden introducir distorsiones
El trabajo presenta varias limitaciones. Los investigadores utilizaron reclamaciones de seguros médicos privados, que registran lo que los profesionales facturaron y no necesariamente todas las enfermedades que una persona realmente padeció.
Los padres también podrían buscar atención médica de manera diferente para su primer hijo. Al enfrentarse por primera vez a determinados síntomas, quizá consulten con mayor rapidez que cuando aparece una situación similar en el segundo.
Además, la muestra incluye principalmente familias cubiertas por seguros proporcionados por empleadores. No representa completamente a las personas sin seguro, beneficiarias de Medicaid o pertenecientes a sectores con menor acceso al sistema sanitario.
El estudio fue publicado como preimpresión en medRxiv el 27 de marzo de 2026 y todavía no ha sido revisado por expertos independientes. Sus autores lo enviaron a la revista Nature Health, pero eso no equivale a que haya sido aceptado o publicado allí.
Los hallazgos no permiten predecir la salud de una persona simplemente sabiendo si nació primero o segundo. Sí sugieren que el orden de nacimiento reúne diferencias biológicas, ambientales y sociales que podrían dejar una huella pequeña, pero detectable, a lo largo de la vida.
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