A cientos de metros bajo las aguas heladas de la Antártida, un robot submarino encontró un paisaje que los científicos no esperaban: más de un millar de pequeños cráteres excavados sobre el fondo marino y organizados en grupos, líneas, óvalos y medias lunas.
No eran marcas geológicas. Se trataba de nidos mantenidos por la nototenia de aleta amarilla, un pequeño pez antártico cuyo nombre científico es Lindbergichthys nudifrons. El hallazgo representa la primera documentación de una zona de reproducción de esta especie en el sector occidental del mar de Weddell.
El desprendimiento de un iceberg abrió una ventana bajo el hielo
La oportunidad apareció después de que el gigantesco iceberg A68 se separara de la plataforma de hielo Larsen C en 2017. El desprendimiento dejó accesible una región del lecho marino que había permanecido cubierta por una capa de hielo de unos 200 metros de espesor.
Dos años después, la Expedición al Mar de Weddell de 2019 llegó a la zona a bordo del buque polar SA Agulhas II. La misión buscaba estudiar el entorno de Larsen C y localizar los restos del Endurance, el barco del explorador Ernest Shackleton hundido en 1915. Aunque no encontró el naufragio, consiguió registrar un ecosistema desconocido.
El vehículo operado remotamente Lassie realizó cinco inmersiones y grabó 27 horas de video. Recorrió sectores situados entre los 290 y los 411 metros de profundidad, donde las cámaras mostraron numerosos círculos limpios sobre un suelo cubierto de restos de fitoplancton.

Más de 1.000 nidos organizados en seis patrones
El análisis permitió identificar 1.036 nidos activos distribuidos en 277 grupos. Los científicos también registraron 93 estructuras abandonadas y 72 con larvas dentro o alrededor. Cada nido medía, en promedio, unos 12,3 centímetros de diámetro.
Los peces mantenían despejado el interior de los nidos, retirando la capa de material orgánico acumulada en el fondo. Esa limpieza permitió distinguir las estructuras activas incluso después de la época de eclosión, cuando ya no quedaban huevos visibles.
Lo más llamativo fue su distribución. Los investigadores reconocieron seis configuraciones: cúmulos, medias lunas, líneas, óvalos, formas de U cerrada y nidos solitarios. Los cúmulos representaron más del 42% del total, mientras que las líneas fueron las menos frecuentes.

Agruparse podría ser una estrategia de supervivencia
A diferencia de otra gigantesca colonia descubierta anteriormente en el mar de Weddell, la ubicación de estos nidos no parecía depender de zonas localmente más cálidas. Salvo en uno de los sitios, las temperaturas alrededor de las estructuras eran prácticamente iguales a las del agua circundante.
Los autores proponen que la geometría responde principalmente al riesgo de depredación. Los peces situados en el centro de un cúmulo quedarían protegidos por sus vecinos, mientras que los nidos solitarios —que además eran más grandes— podrían pertenecer a ejemplares con mayor capacidad para defenderse por sí mismos. Es una hipótesis basada en la disposición observada, no una conducta comprobada directamente durante las grabaciones.
El descubrimiento también refuerza la propuesta de crear un área marina protegida en el mar de Weddell. Según los investigadores, estas zonas de reproducción cumplen criterios utilizados para identificar ecosistemas marinos vulnerables y muestran que, incluso bajo uno de los mares más hostiles del planeta, los peces construyen comunidades complejas para proteger a la siguiente generación.
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