África está protagonizando uno de esos procesos geológicos que normalmente solo podemos reconstruir cuando ya terminaron: un continente rompiéndose lentamente ante nuestros ojos.
El responsable es el Sistema del Rift de África Oriental, una enorme zona de fallas que se extiende varios miles de kilómetros desde el norte de Etiopía hacia el sur del continente. Algunos estudios sitúan su longitud alrededor de los 3.500 kilómetros, aunque la extensión considerada depende de qué segmentos se incluyan.
No es una única grieta gigantesca abierta en el suelo, sino una red de fallas, depresiones, volcanes y cuencas donde la corteza terrestre está siendo estirada.
Y debajo podría esconderse una estructura todavía más impresionante.
África se está separando muy lentamente
El proceso se conoce como rifting continental.
En esta región, las placas Nubia y Somalia se están alejando progresivamente. A medida que eso ocurre, la corteza se estira, adelgaza y se fractura, formando enormes valles delimitados por fallas.
El fenómeno se observa desde Etiopía y Kenia hasta regiones mucho más meridionales del continente.
En el extremo norte aparece además Afar, donde confluyen las placas Nubia, Somalí y Arábiga y tres sistemas de rift: el mar Rojo, el golfo de Adén y el Rift Etíope Principal. Es uno de los mejores laboratorios naturales para observar las primeras etapas de formación de un futuro océano.
Pero existe una gran pregunta: ¿qué está impulsando todo este proceso desde las profundidades?

Los científicos buscaron la respuesta en gases de Kenia
Una investigación publicada en Geophysical Research Letters analizó gases procedentes del campo geotérmico de Menengai, situado en el Rift de Kenia.
Los científicos se centraron especialmente en los isótopos de neón, porque determinadas proporciones funcionan como una especie de huella química del lugar del interior terrestre del que proceden los gases.
Los resultados mostraron una señal asociada a material del manto profundo, con características similares a las encontradas en otras regiones muy alejadas del Rift africano.
Y ahí apareció la gran sorpresa.
Una misma fuente podría extenderse bajo buena parte de África Oriental
La firma del neón encontrada en Kenia resulta indistinguible, dentro de las mediciones realizadas, de señales detectadas anteriormente en Afar y el Rift occidental.
Para los investigadores, esto constituye una de las evidencias geoquímicas más sólidas hasta ahora de que buena parte del Sistema del Rift podría estar alimentado por una fuente común de manto profundo.
La hipótesis conecta con la denominada superpluma africana: una gigantesca región de material caliente que ascendería desde zonas extremadamente profundas del planeta y favorecería el levantamiento, el volcanismo y el debilitamiento de la corteza.
Otros estudios recientes también apuntan a que en Afar existe un gran ascenso de material del manto, aunque su estructura no sería una columna simple y uniforme. Los datos indican una fuente heterogénea cuyo flujo es moldeado por el grosor y la velocidad de separación de las placas situadas encima.
¿Se formará realmente un nuevo océano?
Si el proceso continúa durante millones de años, la separación podría avanzar hasta que la corteza continental termine rompiéndose por completo.
Entonces podría ascender magma, formarse nueva corteza oceánica y el agua acabar ocupando la depresión resultante, siguiendo un proceso comparable al que abrió otros océanos de la Tierra.
Pero no ocurrirá mañana, ni dentro de unos siglos.
La fragmentación continental funciona en escalas de millones de años. Para nosotros, África parece prácticamente inmóvil. Geológicamente, sin embargo, está cambiando continuamente.
Y el Rift de África Oriental ofrece algo excepcional: la posibilidad de observar cómo comienza a romperse un continente antes de que nazca un nuevo océano.
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