El teléfono sigue siendo una de las herramientas favoritas de los estafadores. Una llamada aparentemente rutinaria puede convertirse en el primer paso de un fraude mucho más elaborado, especialmente cuando la persona al otro lado consigue que respondamos sin pensar. Por eso, además de desconfiar de los números desconocidos, conviene prestar atención a algo tan sencillo como las palabras que utilizamos al contestar.

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Tima Miroshnichenko

Una respuesta tan simple como «sí» puede convertirse en una trampa

Contestar una llamada desconocida con un «sí» se ha convertido en una de las situaciones que más recomiendan vigilar los organismos especializados en seguridad digital. El problema no está en que pronunciar esa palabra permita, por sí solo, vaciar una cuenta bancaria o contratar un servicio. El verdadero riesgo aparece cuando la conversación forma parte de un intento de engaño diseñado para conseguir una grabación o preparar una estafa posterior.

El Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) ha advertido sobre este tipo de prácticas y plantea escenarios en los que una persona responde afirmativamente a una llamada inesperada y, poco después, escucha una grabación que anuncia una supuesta contratación o suscripción.

El objetivo es generar desconcierto. Si la víctima cree que se ha activado un servicio que nunca solicitó, puede estar más predispuesta a responder a una segunda llamada. En ese momento, el supuesto empleado de una empresa puede intentar obtener datos personales, información bancaria o códigos de verificación con la excusa de cancelar la operación.

Por eso, ante un número que no conocemos, resulta más prudente evitar respuestas afirmativas automáticas y no proporcionar ningún dato personal. Tampoco es necesario mantener una conversación para averiguar quién llama. Si la comunicación resulta extraña, lo más seguro es finalizarla y contactar posteriormente con la empresa o entidad mediante un canal oficial.

Además, aunque una grabación de voz pueda formar parte de un intento de fraude, no conviene pensar que una simple palabra permite autorizar automáticamente una operación bancaria. Los sistemas de seguridad actuales pueden utilizar diferentes mecanismos de autenticación y una grabación aislada no equivale por sí misma a una autorización válida.

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Mikhail Nilov

El identificador de llamadas tampoco garantiza que sea una llamada legítima

Los delincuentes cuentan con otra herramienta que puede hacer que sus llamadas parezcan mucho más creíbles: la suplantación del número telefónico. El identificador que aparece en la pantalla no siempre permite conocer quién está realmente detrás de la comunicación.

Esta técnica puede utilizarse para hacer que una llamada parezca proceder de un banco, una empresa conocida o incluso una institución oficial. La intención es aprovechar la confianza que genera un número aparentemente legítimo para conseguir que la víctima baje la guardia.

Las tácticas pueden variar considerablemente. En algunos casos se anuncian premios inexistentes; en otros, el interlocutor se presenta como representante de una entidad financiera y asegura que existe un problema urgente con la cuenta. También pueden aparecer amenazas, supuestos cargos pendientes o solicitudes de información para «verificar» la identidad.

La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) recomienda desconfiar de este tipo de contactos inesperados, especialmente cuando intentan conseguir dinero o información confidencial. Una entidad legítima no debería necesitar que el usuario revele contraseñas, códigos de acceso o datos sensibles mediante una llamada no solicitada.

La urgencia es otra de las señales que conviene vigilar. Los estafadores suelen intentar impedir que la víctima tenga tiempo para comprobar la información. Frases como «debe hacerlo ahora», «su cuenta será bloqueada» o «necesitamos confirmar estos datos inmediatamente» buscan provocar una reacción impulsiva.

La respuesta más segura es detener la conversación. Si existe una duda sobre una supuesta operación bancaria, lo recomendable es colgar y contactar con la entidad utilizando el número que aparece en su página oficial, aplicación o documentación legítima. Nunca conviene utilizar el teléfono proporcionado por el propio interlocutor.

Después de una llamada sospechosa también es recomendable bloquear el número y utilizar las herramientas de reporte disponibles en el teléfono. Aunque esto no evita todos los intentos posteriores, puede ayudar a reducir llamadas similares.

Cuidado también con las llamadas que apenas duran unos segundos

No todas las estafas telefónicas necesitan una conversación prolongada. Algunas buscan precisamente que sea el usuario quien tome la iniciativa y devuelva la llamada.

Es el caso de la conocida técnica Wangiri, también llamada «One Ring». El procedimiento es sencillo: la víctima recibe una llamada que se corta rápidamente, a menudo desde un número internacional o desconocido. Al ver una llamada perdida, puede sentir curiosidad y devolverla.

Ahí comienza el problema. Dependiendo del caso, la devolución puede generar costes elevados o formar parte de una estrategia destinada a mantener al usuario en comunicación con un número de tarificación especial. También puede utilizarse como punto de partida para otros intentos de ingeniería social.

Por eso, una llamada perdida desde un número que no reconocemos no debería ser motivo suficiente para devolverla. Si realmente se trata de una empresa, un familiar o una institución que necesita contactar, normalmente existirán otras formas de verificarlo.

La regla general puede resumirse de manera sencilla: no entregar información personal, bancaria o códigos de seguridad durante una llamada inesperada; no confiar ciegamente en el identificador del teléfono; no devolver llamadas internacionales desconocidas y finalizar cualquier conversación que genere presión o sospechas.

También conviene recordar que no existe una palabra mágica que, por sí sola, permita a un delincuente cometer un fraude. El peligro real está en el conjunto de técnicas que pueden utilizarse para engañar a una persona, obtener información o llevarla a realizar una acción que normalmente no haría.

Ante una llamada sospechosa, la mejor defensa sigue siendo sencilla: detenerse, no actuar bajo presión y comprobar la información por un canal oficial. A veces, colgar el teléfono a tiempo es la decisión más segura.

[ Fuente : infobae ]

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