Durante mucho tiempo, la imagen dominante de la prehistoria situaba a las primeras comunidades humanas en valles fértiles, llanuras y zonas cercanas a ríos. Las altas montañas, por su clima y dificultad de acceso, parecían lugares destinados únicamente a visitas ocasionales. Sin embargo, los Pirineos están contando una historia muy diferente.

Investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) han reunido 124 dataciones por radiocarbono procedentes de 45 yacimientos del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, revelando una presencia humana reiterada durante unos 10.000 años.

El trabajo, publicado en ArcheoLogica Data, forma parte de más de dos décadas de investigaciones del Grupo de Arqueología de Alta Montaña (GAAM), que ya ha documentado alrededor de 380 yacimientos arqueológicos en esta región de los Pirineos.

Humanos viviendo a más de 2.000 metros hace miles de años

Uno de los lugares más importantes es el Abric de les Obagues de Ratera, situado a 2.320 metros de altitud.

Los arqueólogos encontraron evidencias que abarcan desde el Mesolítico y el Neolítico hasta el Calcolítico, las edades del Bronce y del Hierro, la Alta Edad Media e incluso los siglos XIX y XX.

Se trata de una continuidad excepcional que demuestra que estos espacios no fueron utilizados únicamente durante momentos aislados.

Otro enclave, el Abric del Portarró, situado a 2.280 metros, conserva estructuras de piedra seca y madera de hace aproximadamente 5.000 años, consideradas entre las primeras evidencias arquitectónicas prehistóricas documentadas en la alta montaña pirenaica.

En la Cova del Sardo, a 1.780 metros, la ocupación se remonta unos 7.500 años.

Los investigadores identificaron uno de los periodos de mayor actividad entre hace 5.300 y 4.500 años, precisamente una época similar a aquella en la que Ötzi, el célebre “hombre de hielo”, murió mientras atravesaba los Alpes.

La montaña que vemos hoy también fue construida por humanos

Los descubrimientos no solo cambian lo que sabemos sobre dónde vivían las sociedades antiguas. También modifican nuestra interpretación del propio paisaje.

Hace aproximadamente dos mil años, partes de la vertiente sur pirenaica estaban cubiertas principalmente por hayas y robles. Actualmente, muchas de esas zonas están dominadas por pinares o presentan áreas abiertas por encima del límite del bosque.

Los investigadores relacionan parte de esa transformación con siglos de ganadería, explotación forestal y quema controlada de vegetación para crear pastos.

Existen evidencias de este tipo de intervención desde hace aproximadamente 5.300 años. La llegada de animales domésticos, especialmente ovejas, habría contribuido progresivamente a modificar los ecosistemas de montaña.

Paradójicamente, el abandono actual de algunas prácticas ganaderas está provocando el proceso contrario: los bosques vuelven a avanzar hacia cotas más elevadas.

Incluso transportaban herramientas decenas de kilómetros

La movilidad de estas poblaciones también sorprende.

En yacimientos situados a unos 2.800 metros de altitud se encontraron herramientas de sílex cuyo material procedía de lugares situados a más de 30 kilómetros, una señal de que estas comunidades mantenían redes de desplazamiento e intercambio mucho más amplias de lo que podría sugerir un entorno aparentemente aislado.

Los 380 yacimientos descubiertos incluyen abrigos rocosos, posibles viviendas, monumentos funerarios, muros de piedra seca y otras estructuras.

La nueva base de datos, publicada en acceso abierto, permitirá además comparar las dataciones arqueológicas con registros climáticos y paleoecológicos.

El resultado cambia una idea profundamente arraigada: la alta montaña europea no fue simplemente un territorio vacío hasta épocas recientes.

Mucho antes de las carreteras, los refugios y los senderos turísticos, generaciones enteras ya recorrían, explotaban y transformaban los Pirineos. Bajo el paisaje que hoy parece salvaje sobreviven las huellas de casi 10.000 años de presencia humana.

Fuente: Infobae.

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