La llegada de la gripe aviar H5N1 a Australia ha abierto un nuevo frente para los científicos que intentan proteger una fauna especialmente vulnerable. Una de las propuestas más llamativas consiste en convertir la vacuna en alimento y distribuirla mediante pequeños cebos que los animales puedan comer directamente en la naturaleza.
La idea fue planteada por los investigadores Andrew S. Flies y Prithul Chaturvedi, de la Universidad de Tasmania, quienes llevan años desarrollando un sistema similar para proteger al demonio de Tasmania de la enfermedad del tumor facial, uno de los pocos cánceres contagiosos conocidos.
Aunque todavía no existe una vacuna oral contra la gripe aviar preparada para estos mamíferos, los investigadores creen que la infraestructura que ya han desarrollado podría adaptarse rápidamente si aparece una fórmula adecuada.

Un dispensador capaz de reconocer al animal
El proyecto original comenzó en 2019. Los científicos probaron diferentes tipos de cebos y dispositivos para conseguir que los demonios de Tasmania silvestres consumieran una futura vacuna contra el tumor facial.
El resultado fue un dispensador inteligente activado por movimiento que incorpora una cámara y un sistema de inteligencia artificial capaz de distinguir a un demonio de Tasmania de otros animales en cuestión de milisegundos.
Las pruebas del sistema de reconocimiento alcanzaron aproximadamente un 96% de precisión, mientras que los dispositivos analizados necesitaban una media de apenas 0,42 segundos para clasificar al animal.
El equipo también incorporó un lector de microchips para identificar ejemplares previamente marcados y registrar información como su temperatura corporal. Los datos pueden transmitirse en tiempo real, permitiendo saber qué animal probablemente consumió cada cebo.
El H5N1 convierte a los carroñeros en una prioridad
La preocupación está especialmente centrada en animales que se alimentan de cadáveres. Un demonio de Tasmania, un quol u otro carroñero podría ingerir una elevada cantidad de virus al consumir un ave infectada.
Esto no solo aumenta el riesgo para el propio animal, sino que también ofrece al virus nuevas oportunidades para adaptarse a huéspedes mamíferos.
Las estimaciones oficiales indican que cientos de especies australianas presentan algún grado de vulnerabilidad y que alrededor del 10% de las especies de mamíferos del país podrían encontrarse en niveles de riesgo alto o extremo frente a la gripe aviar.
Por eso, los científicos consideran que las vacunas mediante cebos podrían resultar especialmente interesantes para especies amenazadas que comen en tierra.

Europa ya vacunó animales repartiendo comida
La estrategia puede parecer experimental, pero existe un precedente gigantesco.
Desde finales de la década de 1970, países europeos han utilizado cebos con vacunas orales contra la rabia para inmunizar animales silvestres como zorros. Aproximadamente 1.000 millones de cebos fueron distribuidos en 30 países europeos, contribuyendo de forma decisiva a eliminar la rabia en numerosas regiones.
El sistema australiano podría seguir una lógica similar, aunque primero haría falta desarrollar una vacuna contra H5N1 compatible con la administración oral.
Actualmente Australia dispone de una vacuna contra la gripe aviar autorizada para determinadas aves, incluidos pequeños pingüinos, pero utiliza virus inactivados y debe administrarse mediante inyección, por lo que no resulta apropiada para colocarla dentro de un cebo.
Una idea prometedora que todavía tiene límites
Las vacunas comestibles tampoco servirían para todas las especies. Focas, leones marinos y otros pinnípedos no suelen alimentarse cuando se encuentran en tierra, por lo que sería necesario recurrir a otros métodos.
Además, todavía hacen falta vacunas específicamente diseñadas para mamíferos silvestres y superar un proceso regulatorio que normalmente puede prolongarse durante años.
La amenaza, sin embargo, ya está presente. El H5N1 ha sido detectado en fauna australiana y las autoridades advierten que puede representar un riesgo importante para algunas de las especies más amenazadas del continente.
Para los investigadores, desarrollar estas herramientas ahora no serviría únicamente para hacer frente al brote actual. También podría dejar preparada una nueva forma de proteger animales silvestres frente a futuras epidemias sin necesidad de capturarlos uno por uno.
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