Una persona come pasta, pan o algún alimento rico en carbohidratos y, unas horas después, comienza a sentirse mareada, desorientada y con dificultades para hablar o caminar. Un análisis de sangre confirma algo todavía más extraño: tiene alcohol en el organismo, aunque asegura no haber bebido nada.

No necesariamente está mintiendo.

Existe una rara condición conocida como síndrome de autocervecería, o síndrome de fermentación intestinal, en la que determinados microorganismos del intestino producen cantidades anormalmente elevadas de etanol a partir de los carbohidratos de la dieta.

El fenómeno es tan poco frecuente que la mayor parte de lo que sabemos procede todavía de informes clínicos y pequeños grupos de pacientes. Sin embargo, investigaciones recientes están empezando a explicar mejor qué ocurre dentro del intestino de quienes lo padecen.

El alcohol se fabrica dentro del intestino

La fermentación intestinal no es completamente extraña para el cuerpo humano. Diferentes microorganismos producen pequeñas cantidades de etanol durante la digestión, pero normalmente el hígado lo elimina antes de que alcance concentraciones relevantes.

En el síndrome de autocervecería, el equilibrio cambia.

Una proliferación excesiva de microorganismos capaces de fermentar carbohidratos puede generar alcohol más rápido de lo que el organismo consigue metabolizarlo. El resultado es una verdadera intoxicación alcohólica sin consumo de alcohol.

Durante años, las principales sospechosas fueron levaduras como Saccharomyces cerevisiae y diferentes especies de Candida. Pero ahora se sabe que algunas bacterias también pueden desempeñar un papel importante.

Las bacterias también pueden fabricar el alcohol

Un estudio publicado en 2026 en Nature Microbiology analizó a 22 personas diagnosticadas con síndrome de autocervecería y 21 convivientes sin la enfermedad.

Los investigadores descubrieron que las muestras intestinales de los pacientes producían significativamente más etanol durante los episodios de síntomas.

El análisis genético de su microbiota mostró además una mayor presencia de bacterias del grupo Proteobacteria, entre ellas Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae, junto con una abundancia superior de genes relacionados con vías metabólicas capaces de producir alcohol.

Esto refuerza la idea de que la enfermedad no depende necesariamente de una única levadura, sino que puede surgir por diferentes alteraciones del ecosistema intestinal.

Mareos, confusión y problemas para que los demás lo crean

Los síntomas pueden resultar prácticamente indistinguibles de los provocados por haber bebido alcohol.

Entre ellos aparecen mareos, somnolencia, dificultades para coordinar movimientos, alteraciones del habla, cambios de comportamiento, desorientación y problemas de concentración.

Además de los riesgos médicos, la enfermedad puede generar consecuencias sociales y legales importantes.

Una persona puede parecer ebria en el trabajo, sufrir un accidente o incluso obtener un resultado positivo en una prueba de alcoholemia sin haber consumido alcohol. Precisamente por eso, diagnosticarla requiere descartar cuidadosamente otras explicaciones y demostrar la producción endógena de etanol mediante pruebas controladas.

¿Por qué aparece?

Todavía no existe una única explicación.

El uso previo de antibióticos aparece en numerosos casos porque puede modificar la microbiota intestinal y permitir que determinadas especies fermentadoras proliferen.

También se han descrito asociaciones con dietas muy ricas en carbohidratos, alteraciones de la motilidad intestinal, diabetes, enfermedad de Crohn, síndrome de intestino corto y determinadas cirugías gastrointestinales.

Sin embargo, también existen pacientes sin una enfermedad previa evidente.

Una enfermedad rara que todavía guarda muchos secretos

El tratamiento depende de cada caso. Puede incluir reducción temporal de carbohidratos, medicamentos antifúngicos o antibacterianos dirigidos al microorganismo responsable y estrategias para restaurar el equilibrio intestinal.

En situaciones seleccionadas se han estudiado incluso los trasplantes de microbiota fecal. En el estudio de Nature Microbiology, uno de los pacientes tratados mediante esta técnica experimentó una mejoría acompañada de cambios en su microbioma intestinal.

El síndrome continúa siendo extremadamente raro y probablemente también está infradiagnosticado.

Pero cada nuevo estudio está transformando lo que durante décadas pareció una curiosidad médica casi imposible en un ejemplo sorprendente de hasta qué punto los microorganismos que viven dentro de nosotros pueden modificar el funcionamiento del cuerpo.

Fuente: Futura Science.

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