Son diminutos, muchos apenas alcanzan unos pocos milímetros y rara vez reciben la atención que despiertan ballenas, focas o pingüinos. Sin embargo, algunos organismos del zooplancton antártico están realizando silenciosamente una tarea de enorme importancia para el clima: capturan carbono cerca de la superficie del océano y lo transportan cientos de metros hacia las profundidades, donde puede permanecer fuera de la atmósfera durante largos períodos.

Una nueva investigación ha permitido calcular por primera vez la magnitud de este proceso estacional en el Océano Austral. Los científicos estiman que la llamada bomba de migración vertical estacional transporta alrededor de 65 millones de toneladas de carbono cada año por debajo de los 500 metros de profundidad, una cantidad comparable, según las estimaciones utilizadas por los investigadores, con las emisiones anuales de decenas de millones de automóviles.

El hallazgo revela que estos pequeños animales desempeñan un papel climático mucho mayor de lo que se pensaba.

Los diminutos animales del océano que ayudan a frenar el calentamiento global sin que casi nadie lo note
Woods Hole Oceanographic Institution – Youtube.

Comen en la superficie y llevan el carbono hacia las profundidades

El mecanismo comienza durante los meses de mayor productividad biológica, cuando enormes cantidades de fitoplancton crecen cerca de la superficie gracias a la luz solar. Estos microorganismos absorben dióxido de carbono durante la fotosíntesis y convierten ese carbono en materia orgánica, que posteriormente sirve de alimento para el zooplancton.

Entre sus principales consumidores se encuentran los copépodos, pequeños crustáceos emparentados lejanamente con cangrejos y langostas. Durante la primavera y el verano austral se alimentan intensamente y almacenan buena parte de esa energía en forma de grasa, hasta acumular auténticas reservas dentro de sus diminutos cuerpos.

Cuando llega el invierno, muchos descienden entre 500 metros y hasta dos kilómetros de profundidad, donde reducen considerablemente su actividad y sobreviven utilizando lentamente esas reservas. Al metabolizar la grasa liberan nuevamente carbono, pero esta vez lo hacen en aguas profundas.

Y ahí está la clave. El carbono liberado a cientos o miles de metros bajo la superficie no vuelve inmediatamente a la atmósfera, porque la circulación oceánica puede mantenerlo atrapado durante décadas o incluso siglos.

Hasta ahora los científicos conocían bien otros mecanismos mediante los cuales el zooplancton transporta carbono, como los residuos orgánicos que se hunden hacia el fondo. Lo que no se había cuantificado con precisión era la importancia de esta enorme migración estacional.

Copépodos, krill y salpas forman una auténtica bomba de carbono

Para estimar su impacto, los investigadores analizaron décadas de información sobre las poblaciones de zooplancton del Océano Austral, utilizando incluso registros que se remontan a la década de 1920.

Los resultados mostraron que los copépodos realizan la mayor contribución, aunque el krill y las salpas también transportan cantidades importantes de carbono hacia las profundidades.

El descubrimiento es especialmente relevante porque el Océano Austral ya desempeña un papel fundamental en la regulación del clima terrestre. Sus aguas absorben una parte considerable del exceso de calor y del dióxido de carbono generado por las actividades humanas, por lo que comprender todos los mecanismos biológicos que intervienen en este almacenamiento resulta esencial para mejorar los modelos climáticos.

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Woods Hole Oceanographic Institution – Youtube.

El calentamiento también amenaza a estos pequeños aliados

El problema es que el propio cambio climático puede alterar el funcionamiento de esta bomba natural. El calentamiento del agua, los cambios en la estructura de las capas oceánicas y los fenómenos meteorológicos extremos pueden modificar la distribución y abundancia del zooplancton, reduciendo potencialmente la cantidad de carbono que transporta hacia las profundidades.

A ello se suma la pesca comercial de krill, una actividad que extrae cientos de miles de toneladas cada año del Océano Austral y que genera preocupación por sus posibles efectos sobre toda la cadena alimentaria antártica.

Estos diminutos organismos, prácticamente invisibles cuando pensamos en las grandes especies del océano, resultan así fundamentales no solo para alimentar peces, aves, pingüinos y ballenas, sino también para el clima global. Cada año protagonizan una migración vertical gigantesca que funciona como una auténtica cinta transportadora de carbono hacia las profundidades.

Mientras los científicos intentan comprender mejor su alcance, el zooplancton demuestra que algunos de los aliados más importantes frente al calentamiento global pueden medir apenas unos milímetros.

Fuente: BBC News.

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