El canto de un ave puede resultar relajante, pero acercarse demasiado a determinadas especies sería una experiencia completamente diferente. Algunas son capaces de producir vocalizaciones que alcanzan más de 120 decibelios a un metro de distancia, niveles comparables con algunos de los ruidos mecánicos más intensos de nuestra vida cotidiana.

Una nueva investigación de João C. T. Menezes y Jeffrey Podos, de la Universidad de Massachusetts Amherst, estudió la amplitud de las vocalizaciones de 123 especies de aves para comprender por qué algunas pueden producir sonidos extraordinariamente potentes.

Los resultados, publicados en la revista científica Evolution, revelaron dos nuevas candidatas al título de ave más ruidosa conocida y encontraron una pista importante: el tamaño del cuerpo y la apertura del pico parecen determinar hasta dónde puede llegar su potencia vocal.

Dos aves consiguieron superar los 120 decibelios

Los investigadores encontraron diferencias enormes entre las especies estudiadas.

El registro más bajo fue de aproximadamente 64 decibelios, correspondiente a una especie de colibrí. En el extremo opuesto, algunas aves alcanzaron hasta 122 decibelios medidos a un metro de distancia.

Entre ellas aparecieron dos nuevas candidatas al título de las aves más ruidosas conocidas: el campanero de garganta desnuda (Procnias nudicollis) y la chuña o seriema de patas rojas (Cariama cristata).

La diferencia entre los extremos de la muestra llegó así a unos 58 decibelios, una enorme variación para animales que utilizan las vocalizaciones como una de sus principales herramientas de comunicación.

Y el estudio aporta algo especialmente importante: no se limitó a buscar un nuevo récord.

Los científicos querían descubrir qué características evolutivas permiten a determinadas aves llevar sus vocalizaciones hasta semejantes niveles.

Cuerpos grandes y picos abiertos: el secreto de algunas de las aves más ruidosas del planeta
Guardian News
– Youtube.

El secreto parece estar en el cuerpo y el pico

Al comparar las 123 especies, los investigadores encontraron dos relaciones especialmente claras.

Las aves con cuerpos más grandes tendían a producir vocalizaciones de mayor amplitud. Algo similar ocurría con aquellas capaces de conseguir una mayor apertura del pico.

Tiene sentido desde el punto de vista físico. Un cuerpo más grande puede disponer de una mayor capacidad para impulsar aire, mientras que una apertura amplia del pico puede favorecer la transmisión de la energía acústica hacia el exterior.

En otras palabras, la anatomía pone límites a lo fuerte que puede cantar un ave.

Sin embargo, saber cómo producen esos sonidos no resuelve otra pregunta fundamental: ¿por qué algunas especies evolucionaron para cantar tan fuerte?

Los científicos todavía no saben por qué necesitan semejante volumen

Menezes y Podos analizaron diferentes explicaciones ecológicas.

Estudiaron si la intensidad podía estar relacionada con la capacidad de vuelo de cada especie, con la densidad del hábitat o incluso con su sistema de apareamiento. Por ejemplo, tendría sentido imaginar que un ave viviendo en un bosque extremadamente denso necesitara una llamada más potente para comunicarse entre la vegetación.

Pero los resultados no mostraron un efecto inequívoco de ninguno de esos factores sobre la amplitud máxima de las vocalizaciones.

Eso significa que la evolución de estos cantos extremos probablemente sea más compleja de lo esperado.

Medir el canto de un pájaro en libertad no es sencillo

Parte del problema para responder estas preguntas estaba en conseguir buenos datos.

La intensidad de un sonido depende enormemente de la distancia desde la que se mide. Por eso, comparar registros obtenidos en circunstancias diferentes puede generar resultados engañosos.

El nuevo trabajo reunió datos originales de campo y estandarizó las mediciones para poder comparar especies muy diferentes entre sí.

Gracias a ello, los investigadores consiguieron construir una imagen mucho más amplia de los límites acústicos de las aves.

El resultado deja una paradoja interesante. Ahora sabemos bastante más sobre cómo algunas aves consiguen hacerse escuchar con una potencia extraordinaria: cuerpos grandes y picos capaces de abrirse ampliamente parecen proporcionar una ventaja.

Lo que todavía queda por descubrir es por qué necesitan hacerlo.

Y quizás ahí esté la parte más interesante del estudio: detrás de uno de los sonidos más ensordecedores de la naturaleza todavía queda un misterio evolutivo por resolver.

Fuente: Infobae.

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