El mayor mapa de carreteras romanas hasta la fecha
Las calzadas fueron una de las infraestructuras más importantes del Imperio romano. Permitían desplazar ejércitos, mercancías, funcionarios y viajeros a través de Europa, el norte de África y Oriente Medio, pero también contribuyeron a difundir ideas, religiones, tecnologías e incluso enfermedades.
Ahora, investigadores de varias instituciones europeas han analizado esa red a una escala inédita. El estudio, publicado en Nature Communications, reúne información sobre exactamente 299.171 kilómetros de carreteras romanas y constituye uno de los modelos digitales más detallados construidos hasta ahora sobre las comunicaciones terrestres del Imperio.
Para hacerlo utilizaron información arqueológica y documental junto con el atlas digital Itiner-e, aplicando herramientas matemáticas de análisis de redes para determinar qué carreteras y ciudades ocupaban las posiciones más importantes.
Roma no estaba en el centro de todo
Los resultados cuestionan directamente uno de los tópicos más famosos de la Antigüedad.
Roma era fundamental política y económicamente y ocupaba una posición muy relevante dentro de la península itálica, pero no era el principal nodo de la red terrestre del Imperio.
Cuando los investigadores analizaron qué ciudades funcionaban mejor como puntos intermedios para viajar por tierra entre distintas regiones, aparecieron otras poblaciones mejor posicionadas.
Bizancio, Antioquía, Ancira y Corinto, por ejemplo, tenían una localización más favorable que Roma para conectar diferentes partes de la red imperial. Bizancio destacaba especialmente por su posición entre Europa y Asia.
Las capitales provinciales también aparecieron de forma recurrente como grandes cruces de caminos, lo que sugiere que la red romana funcionaba mediante numerosos centros regionales en lugar de depender únicamente de Roma.
Pero hay una aclaración importante
Eso no significa que Roma estuviera aislada ni que el famoso proverbio carezca completamente de sentido.
El estudio analiza específicamente el transporte terrestre. No incluye toda la movilidad marítima y fluvial, que resultaba fundamental para recorrer grandes distancias durante la época romana.
Cuando se tienen en cuenta esas rutas, especialmente las conexiones a través del Mediterráneo, Roma recupera una posición mucho más central dentro del Imperio.
Las carreteras romanas tampoco eran tan rectas
La investigación también cuestiona otra idea popular: que los romanos construían sus caminos prácticamente en línea recta sin importar qué hubiese delante.
Los ingenieros preferían trazados directos siempre que era posible, pero adaptaban las carreteras a montañas, valles, ríos y asentamientos. Para superar zonas complicadas podían construir terrazas, muros de contención, puentes o realizar cortes directamente sobre la roca.
De hecho, el estudio concluye que las carreteras romanas eran, en general, menos rectas que las grandes carreteras modernas.
Aun así, consiguieron algo sorprendente. Aproximadamente el 90,6 % de los kilómetros analizados presentan pendientes inferiores al 16 %, un límite compatible con el tránsito de vehículos de ruedas y animales de carga.
Una red que todavía influye en nuestras carreteras
Casi 2.000 años después, la huella de aquellas decisiones todavía puede detectarse.
Los investigadores encontraron una relación medible entre la densidad de antiguas calzadas romanas y la infraestructura viaria moderna, aunque esa conexión cambia considerablemente según la región. La geografía, la aparición y desaparición de ciudades y los cambios políticos y económicos posteriores modificaron muchos de aquellos recorridos.
El descubrimiento muestra que la red romana era bastante más compleja de lo que sugiere la imagen de miles de carreteras convergiendo simplemente sobre la capital.
Roma estaba en el corazón político del Imperio, pero cuando se trataba de viajar por tierra, había otros lugares incluso mejor conectados.
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