La Antártida parece completamente aislada de los trópicos. Sin embargo, la atmósfera conecta ambas regiones mucho más de lo que podría parecer.
Una investigación liderada por científicos de la Universidad de Utah encontró que las condiciones atmosféricas y oceánicas tropicales pueden influir en la cantidad de nieve que recibe la capa de hielo de la Antártida Occidental.
Para descubrirlo, los investigadores analizaron 25 núcleos de hielo que conservan información sobre las nevadas registradas durante prácticamente todo el siglo XX.
Una conexión de miles de kilómetros
Uno de los mecanismos detrás de esta conexión son las ondas de Rossby, enormes ondulaciones atmosféricas capaces de transportar los efectos de determinadas anomalías climáticas a grandes distancias.
Fenómenos tropicales como El Niño y la Oscilación Madden-Julian pueden generar o modificar estos patrones.
Cuando las temperaturas de la superficie del océano cambian en los trópicos, también puede hacerlo la convección atmosférica. Estas alteraciones generan ondas que viajan por la atmósfera y terminan modificando los patrones de viento y las trayectorias de las tormentas cerca de la Antártida.
El resultado puede ser una modificación de la cantidad de humedad que alcanza determinadas regiones del continente helado y, por lo tanto, de sus nevadas.

25 núcleos de hielo permitieron reconstruir un siglo
Para estudiar el fenómeno, el equipo utilizó 25 núcleos extraídos de la capa de hielo de la Antártida Occidental.
Estos registros permitieron reconstruir la acumulación de nieve entre 1900 y 1999 y compararla con datos históricos de la atmósfera y los océanos.
Los núcleos funcionan como archivos naturales. Las sucesivas capas de nieve que se comprimen hasta convertirse en hielo conservan información que permite reconstruir condiciones ambientales del pasado.
Esto resulta especialmente útil en la Antártida, donde las estaciones meteorológicas son escasas y muchas comenzaron a funcionar hace relativamente poco tiempo.
Los investigadores se concentraron en el balance de masa superficial, que representa cuánto hielo gana o pierde la superficie principalmente mediante procesos como las nevadas y la redistribución de nieve causada por el viento.
La Antártida Occidental no recibe nieve de manera uniforme
Los resultados revelaron que la acumulación de nieve presenta importantes diferencias dependiendo de la región.
Durante el período estudiado, algunas zonas orientales de la capa de hielo de la Antártida Occidental mostraron una tendencia hacia una mayor acumulación, mientras que sectores occidentales registraron el comportamiento contrario.
Los científicos relacionaron parte de esas diferencias con cambios en la presión atmosférica.
Una cresta de alta presión puede alterar las trayectorias de las tormentas que se aproximan al continente y desviarlas hacia el interior. Con ellas también se desplaza la humedad necesaria para producir nuevas nevadas.
Por eso, dos regiones relativamente próximas pueden experimentar cambios muy diferentes.
Por qué importa saber cuánto nieva en la Antártida
La capa de hielo de la Antártida Occidental es especialmente importante para comprender el futuro del nivel del mar.
Pero conocer su evolución no consiste únicamente en medir cuánto hielo desaparece por el calentamiento del océano o el desprendimiento de glaciares. También es necesario determinar cuánto hielo se incorpora mediante nuevas nevadas.
El nuevo estudio muestra que una parte de esa variabilidad puede originarse sorprendentemente lejos del continente.
Los trópicos y la Antártida pueden estar separados por miles de kilómetros, pero para la atmósfera no son sistemas independientes. Una alteración sobre los océanos tropicales puede iniciar una cadena de acontecimientos que termina modificando las tormentas y la nieve que cae sobre el hielo antártico.
Así, un núcleo de hielo extraído en uno de los lugares más fríos del planeta puede conservar las huellas de algo que comenzó mucho más cerca del ecuador.
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