Cuando se habla de los grupos más vulnerables frente al calor extremo, suele pensarse inmediatamente en los adultos mayores. Sin embargo, una nueva investigación muestra que los niños pequeños están soportando una carga de calor húmedo atribuible al cambio climático incluso mayor, especialmente en las regiones tropicales y de menores ingresos.
El estudio, publicado en Science Advances y liderado por investigadores de la Universidad Libre de Bruselas, analizó la exposición de diferentes grupos de edad al estrés térmico y estimó qué parte de esa exposición adicional puede atribuirse directamente al calentamiento provocado por las actividades humanas.
Los resultados son contundentes: 583 millones de niños de entre 0 y 9 años experimentan actualmente al menos 20 días adicionales de estrés térmico cada año, frente a unos 190 millones de personas de entre 60 y 69 años. Esto significa que, en números absolutos, hay aproximadamente tres niños expuestos a ese nivel de calor adicional por cada adulto mayor.

La humedad convierte al calor en un riesgo todavía mayor
El estudio no se centró únicamente en la temperatura. Los investigadores utilizaron el índice WBGT, una medida que tiene en cuenta distintos factores ambientales, incluida la humedad, para estimar el estrés térmico que experimenta el cuerpo.
La diferencia es importante porque el organismo humano depende de la evaporación del sudor para eliminar calor. Cuando el aire contiene grandes cantidades de vapor de agua, esa evaporación se vuelve menos eficiente y el cuerpo tiene más dificultades para mantener una temperatura segura.
Los autores utilizaron como referencia un WBGT superior a 28 °C, un nivel asociado con estrés térmico moderado y en el que ya se recomienda reducir la actividad física, aumentar las pausas y reforzar las medidas de hidratación.
Según las estimaciones, un niño de entre 0 y 9 años experimenta actualmente en promedio 28 días adicionales de estrés térmico al año atribuibles al cambio climático, mientras que una persona de 60 a 69 años afronta alrededor de 19.
No es solamente porque haya más niños en el mundo
Parte de la diferencia se explica porque existen más niños pequeños que adultos de entre 60 y 69 años, pero los investigadores comprobaron que ese factor no explica todo el fenómeno.
Cuando ajustaron los resultados por el tamaño de la población, observaron que el 44% de los niños de 0 a 9 años vive al menos 20 días adicionales de estrés térmico cada año, frente al 30% de las personas de 60 a 69 años.
Una de las razones es geográfica. Una proporción importante de la población infantil mundial vive en países situados en latitudes bajas, especialmente cerca de los trópicos, donde las temperaturas y la humedad son elevadas y los efectos del calentamiento global pueden sentirse con especial intensidad.
Con 2 °C de calentamiento, más de 100 millones de niños podrían soportar 150 días extra
Los investigadores también analizaron escenarios futuros con un calentamiento global de 1,5 °C y 2 °C respecto de los niveles preindustriales.
Con 1,5 °C de calentamiento, unos 51 millones de niños, alrededor del 4% del grupo de entre 0 y 9 años, podrían experimentar 150 o más días adicionales de estrés térmico anualmente.
Si la temperatura global alcanza los 2 °C, la cifra subiría hasta aproximadamente 115 millones de niños, equivalentes al 10% de ese grupo.
El impacto también se observa en exposiciones menos extremas. Con 1,5 °C, unos 620 millones de niños podrían experimentar al menos un mes adicional de estrés térmico por año, mientras que con 2 °C serían aproximadamente 650 millones.
Los niños tienen menos posibilidades de protegerse
Los autores advierten que la exposición al calor no depende únicamente de la fisiología. Los niños también cuentan con menos capacidad para modificar por sí mismos su entorno, decidir cuándo interrumpir una actividad, conseguir agua, trasladarse a un espacio refrigerado o evitar determinados horarios.
El estrés térmico intenso puede aumentar el riesgo de deshidratación, golpe de calor y problemas renales, respiratorios y cardiovasculares, por lo que los investigadores reclaman medidas de adaptación específicas.
Entre ellas mencionan sistemas de alerta temprana, cambios en los horarios escolares, acceso permanente a agua potable, más espacios de sombra y refrigeración y planes sanitarios específicos para episodios de calor extremo.
El estudio muestra así que el cambio climático no distribuye sus efectos de manera uniforme entre generaciones. Los niños, especialmente aquellos que viven en regiones tropicales y con menos recursos para adaptarse, ya están acumulando una cantidad desproporcionada de días en los que la combinación de calor y humedad convierte algo tan cotidiano como permanecer al aire libre en un riesgo para la salud.
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