Mucho antes de que el río Colorado comenzara a excavar el Gran Cañón, un paisaje completamente diferente dominaba esta región de Norteamérica. Hace unos 800 millones de años, un enorme sistema de acantilados de aproximadamente un kilómetro de altura podría haberse extendido durante miles de kilómetros por el continente.

Investigadores liderados por la Universidad de Southampton reconstruyeron este antiguo paisaje y creen que su erosión podría ayudar a resolver uno de los grandes enigmas geológicos del Gran Cañón: la llamada Gran Discordancia.

El trabajo fue publicado en la revista científica Geology.

El Gran Cañón tiene un enorme agujero en su historia

Las paredes del Gran Cañón permiten observar rocas que registran cerca de 2.000 millones de años de historia terrestre. Sin embargo, esa historia no es continua.

En determinados lugares aparecen rocas relativamente jóvenes directamente sobre otras muchísimo más antiguas. Entre ambas falta un enorme intervalo temporal que supera los mil millones de años.

No significa que literalmente haya desaparecido el tiempo. Durante ese período, enormes cantidades de roca fueron erosionadas o no quedaron preservadas como estratos. Esa discontinuidad es conocida como la Gran Discordancia.

La pregunta es qué proceso pudo eliminar semejante cantidad de material.

Un acantilado de un kilómetro de altura podría explicar el “misterio” de mil millones de años del Gran Cañón
Magnific

Una pared gigantesca atravesó Norteamérica

Thomas Gernon y sus colegas combinaron reconstrucciones del movimiento de las placas tectónicas con modelos de evolución del paisaje.

Su investigación apunta hacia la fragmentación de Rodinia, un antiguo supercontinente que comenzó a separarse cientos de millones de años antes de la aparición de los dinosaurios.

Cuando la corteza continental comenzó a fracturarse, se habría generado una enorme escarpa en el borde de Laurentia, el antiguo núcleo de Norteamérica.

No se trataba de un único acantilado perfectamente vertical. Era una gigantesca estructura topográfica comparable conceptualmente con grandes escarpas que actualmente existen en Sudáfrica y Brasil.

Hasta ocho kilómetros de roca pudieron desaparecer

Con el paso de decenas de millones de años, la escarpa habría ido retrocediendo mientras ríos y posiblemente posteriores glaciaciones erosionaban el terreno.

Los modelos indican que cerca de la escarpa pudieron eliminarse hasta ocho kilómetros de roca. A unos 200 kilómetros de distancia, la erosión habría disminuido hasta aproximadamente dos kilómetros o menos.

Este proceso habría terminado exponiendo antiguas rocas cristalinas que actualmente pueden observarse en las profundidades del Gran Cañón.

Pero hay una aclaración importante: los científicos no encontraron los restos intactos de un acantilado de un kilómetro. Su existencia y dimensiones fueron reconstruidas mediante modelos geológicos, tectónicos y de evolución del paisaje.

El Gran Cañón llegó muchísimo después

Esta gigantesca erosión tampoco creó el Gran Cañón que conocemos actualmente.

El estudio propone que preparó y modificó profundamente el terreno cientos de millones de años antes de que el sistema del río Colorado excavara el paisaje moderno.

La antigua escarpa incluso podría haber condicionado las redes fluviales, el transporte de sedimentos y la forma en que los mares inundaron posteriormente partes del continente antes de la diversificación de animales del Cámbrico.

El resultado ofrece una posible explicación para una paradoja espectacular: en las paredes del Gran Cañón no solo podemos leer la historia de la Tierra. También podemos observar el lugar donde una enorme parte de esa historia desapareció.

Fuente: Meteored.

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