Durante siglos, la desaparición de determinadas aves durante el invierno fue uno de los grandes enigmas de la naturaleza. Sin herramientas para seguir sus movimientos, científicos y filósofos desarrollaron explicaciones que hoy parecen increíbles: desde animales que hibernaban bajo el agua hasta especies capaces de viajar a la Luna.

Sin embargo, en 1822, una cigüeña encontrada en Alemania con una flecha africana atravesando su cuello proporcionó una evidencia extraordinaria de lo que realmente ocurría. Aquel descubrimiento se convirtió en un episodio fundamental para comprender las migraciones de las aves.

Cuando los científicos pensaban que las aves viajaban a la Luna

Antes de que existieran los sistemas modernos de seguimiento, los investigadores desconocían adónde se dirigían las aves que desaparecían durante los meses fríos.

En la antigua Grecia, Aristóteles propuso que algunas especies podían transformarse en otras según la estación. También existía la creencia de que ciertas aves pasaban el invierno sumergidas en lagos y estanques.

Pero una de las hipótesis más sorprendentes apareció en el siglo XVII.

Charles Morton, un académico inglés, defendió la posibilidad de que algunas aves migraran hasta la Luna. Incluso calculó que el recorrido podría durar aproximadamente un mes y que los animales sobrevivirían gracias a sus reservas de grasa.

Aunque actualmente resulta absurda, aquella explicación refleja las dificultades que enfrentaban los naturalistas para estudiar desplazamientos que ocurrían a enormes distancias.

La cigüeña que apareció con una flecha de 80 centímetros

En 1822, una cigüeña blanca fue abatida cerca de Klütz, en el norte de Alemania. Lo extraordinario era que llevaba una flecha de aproximadamente 80 centímetros atravesando su cuello.

El animal había sobrevivido a la herida y conseguido continuar volando durante una distancia considerable.

Los investigadores examinaron el proyectil y determinaron que tenía un origen africano. Esto indicaba que la cigüeña había sido alcanzada durante su estancia en África y posteriormente había regresado a Europa.

El descubrimiento aportaba una prueba física de que estas aves podían desplazarse miles de kilómetros entre continentes.

La cigüeña recibió el nombre de Pfeilstorch, expresión alemana que significa cigüeña flechada.

Un descubrimiento que transformó el estudio de las migraciones

El ejemplar fue conservado y actualmente forma parte de la colección zoológica de la Universidad de Rostock, en Alemania.

Su importancia científica radica en que proporcionó una evidencia tangible de las migraciones entre África y Europa, cuando todavía persistían explicaciones equivocadas sobre la desaparición estacional de las aves.

Posteriormente aparecieron otras cigüeñas con flechas africanas incrustadas en sus cuerpos, lo que reforzó la interpretación de que realizaban viajes intercontinentales.

A finales del siglo XIX, la investigación avanzó todavía más gracias al anillamiento científico de aves. En 1899, el investigador danés Hans Christian Cornelius Mortensen comenzó a utilizar anillas numeradas para identificar ejemplares y estudiar sus desplazamientos.

Actualmente, los científicos emplean dispositivos GPS, transmisores satelitales y otras tecnologías para reconstruir rutas migratorias con gran precisión.

Lo que comenzó con una cigüeña herida terminó convirtiéndose en uno de los episodios más recordados de la historia de la ornitología: una flecha que atravesó continentes y ayudó a demostrar que las aves no desaparecían misteriosamente durante el invierno, sino que viajaban hacia regiones más favorables.

Fuente: Xataka.

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