En las heladas aguas del este de Groenlandia, un grupo de seis narvales ha conseguido algo que durante décadas resultó extremadamente complicado para los científicos: obtener información sobre las condiciones oceánicas de regiones prácticamente inaccesibles para los barcos de investigación.
Estos animales, conocidos popularmente como unicornios marinos por el largo colmillo que caracteriza a muchos machos, fueron equipados con sensores capaces de registrar temperatura, salinidad y profundidad durante sus desplazamientos naturales.
Los resultados, publicados en agosto de 2026 en la revista Science Advances, revelaron que aguas relativamente cálidas del océano Atlántico están penetrando cada vez más en los profundos fiordos de Groenlandia.
El descubrimiento resulta especialmente importante porque ese calor puede alcanzar directamente los frentes de los glaciares y favorecer su derretimiento desde abajo.
Seis narvales exploraron lugares donde los barcos no pueden llegar
La investigación fue desarrollada por científicos de la Universidad de Copenhague, el Instituto de Recursos Naturales de Groenlandia y otras instituciones internacionales.
Entre 2017 y 2020, los investigadores colocaron pequeños dispositivos de medición en seis narvales que habitan la región de Scoresby Sound, uno de los sistemas de fiordos más grandes del mundo.
Los sensores permanecieron sujetos a los animales durante períodos de entre 85 y 332 días.
Durante ese tiempo, registraron 2.060 perfiles oceanográficos, algunos obtenidos a profundidades superiores a los 1.500 metros.
La ventaja de utilizar narvales es que estos animales pueden desplazarse bajo el hielo marino y explorar zonas donde las embarcaciones científicas tienen enormes dificultades para acceder.
De esta manera, sus movimientos permitieron reunir información de regiones que prácticamente carecían de mediciones modernas.

El agua del Atlántico está penetrando hasta 300 kilómetros tierra adentro
Uno de los hallazgos más sorprendentes fue la presencia de agua atlántica relativamente cálida y salada en cuencas profundas situadas hasta 300 kilómetros hacia el interior de los sistemas de fiordos.
Para comprender la evolución de estas condiciones, los científicos combinaron los registros obtenidos por los narvales con más de 2.200 perfiles históricos de la Base de Datos Mundial de los Océanos.
El análisis reveló que la influencia del agua atlántica ha aumentado considerablemente durante las últimas décadas.
Entre 1960 y 2021, determinadas aguas de la región estudiada registraron una tendencia de calentamiento cercana a 0,047 °C por año.
También descubrieron que la capa de agua atlántica se está haciendo más gruesa, mientras que la capa superior de agua polar fría se vuelve más delgada.
Este proceso recibe el nombre de atlantificación y constituye una transformación importante del sistema oceánico ártico.
El descubrimiento podría explicar parte del deshielo de Groenlandia
La llegada de aguas más cálidas a los frentes glaciares tiene consecuencias directas sobre la estabilidad del hielo.
Cuando estas masas de agua entran en contacto con los glaciares que terminan en el mar, pueden favorecer su derretimiento submarino y contribuir a la pérdida de masa glaciar.
El fenómeno también puede influir en el desprendimiento de icebergs y modificar la circulación oceánica regional.
Los investigadores consideran que conocer estas condiciones resulta fundamental para mejorar las estimaciones sobre el futuro de los glaciares de Groenlandia.
Los animales podrían convertirse en aliados de la investigación climática
El estudio demuestra que determinadas especies marinas pueden ayudar a obtener información científica en ambientes donde los métodos tradicionales resultan insuficientes.
Las mediciones de los narvales permitirán perfeccionar modelos oceanográficos y comprender mejor cómo el calentamiento global está transformando las aguas polares.
También ayudarán a estudiar los cambios ambientales que afectan a los propios animales, cuya supervivencia depende de las condiciones del hielo ártico.
El descubrimiento deja una conclusión importante: mientras los científicos intentan comprender cómo cambia el planeta, algunos de sus habitantes pueden proporcionar información imposible de obtener de otra manera.
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