Los microplásticos han invadido océanos, alimentos y el aire que respiramos. Pero ahora, un nuevo estudio pone el foco en un terreno aún más íntimo: el sistema reproductivo femenino. Investigadores en Italia encontraron microplásticos en el fluido que rodea los óvulos, lo que podría tener consecuencias insospechadas para la fertilidad. Los expertos advierten que es momento de prestar atención a lo que no se ve, pero está afectando desde adentro.

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Nadezhda Moryak

Un hallazgo que cambia el enfoque

Por primera vez, se detectaron microplásticos en el líquido folicular humano, el fluido que rodea a los óvulos en desarrollo y que es fundamental para su maduración. La investigación, realizada en un centro de fertilidad asistida de Salerno y publicada en Ecotoxicology and Environmental Safety, examinó 18 muestras de mujeres sometidas a tratamientos de fertilización in vitro. En 14 de ellas, se encontraron partículas plásticas.

Estas partículas, de aproximadamente 4,5 micrómetros de tamaño, pueden ingresar a las células humanas. Utilizando microscopía electrónica de barrido y tecnología de dispersión de energía de rayos X, el equipo liderado por Luigi Montano detectó hasta 7.181 partículas por mililitro de fluido.

Aunque no se halló una relación directa entre la presencia de microplásticos y los resultados de fertilización, sí se observó una correlación con la hormona foliculoestimulante (FSH), esencial para la ovulación. Esto sugiere que los contaminantes podrían estar alterando el equilibrio hormonal necesario para la fertilidad.

¿Qué son los microplásticos y cómo entran al cuerpo?

Los microplásticos son fragmentos de plástico de menos de 5 mm. Pueden derivar de la degradación de objetos más grandes, como bolsas o botellas, o ser añadidos de forma intencional a productos como cosméticos exfoliantes. Su pequeño tamaño les permite penetrar el cuerpo humano por ingestión, inhalación o contacto con la piel.

Una vez dentro, no solo se acumulan en órganos como pulmones, hígado o riñones, sino que pueden atravesar barreras biológicas como la placenta o la hematoencefálica. Su toxicidad proviene de los químicos que los componen, como BPA, ftalatos o PFC, conocidos por alterar el sistema endocrino.

El impacto de estos químicos va más allá de la reproducción: también afectan el desarrollo cerebral, el metabolismo y el sistema inmune. En el caso del líquido folicular, podrían estar alterando el ambiente en el que los óvulos crecen y maduran.

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Un riesgo emergente para la fertilidad

“El hallazgo de microplásticos en los ovarios debe ser una señal de advertencia”, afirmó Montano. A pesar de no haberse observado aún un efecto directo sobre los nacimientos, la evidencia apunta a un potencial impacto sobre la calidad del óvulo. El médico argentino Agustín Pasqualini explicó que estas partículas podrían generar estrés oxidativo, alterar la comunicación celular y transportar químicos tóxicos, afectando la capacidad de fecundación.

Ya se ha demostrado en animales que los microplásticos pueden dañar el ADN del óvulo y perjudicar su desarrollo. El descubrimiento también plantea preguntas urgentes: ¿Qué tan expuestos estamos? ¿Cómo reducir esta carga invisible?

La comunidad científica internacional, incluyendo la Sociedad de Endocrinología, exige una reducción drástica de la producción de plásticos. Naciones Unidas ya negocia un tratado global sobre plásticos desde 2022, que debería contemplar tanto el reciclaje como el freno a su producción.

Hoy, más que nunca, los microplásticos ya no son solo una amenaza ambiental. Se han instalado silenciosamente en los rincones más privados del cuerpo humano, y podrían estar afectando la salud reproductiva de generaciones futuras.

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