A lo largo de la historia, relatos de personas poseídas por entidades ajenas a sí mismas han generado tanto terror como fascinación. Pero ¿y si la clave de estas experiencias no residiera en el más allá, sino en nosotros mismos? Este artículo analiza el fenómeno de la posesión desde un enfoque riguroso, cruzando neurología, antropología, religión y psicología para entender qué revela sobre los límites del cuerpo, la identidad y la mente.

posesiones demoníacas
YouTube

Un cuerpo invadido: una experiencia humana universal

En diferentes culturas y épocas, individuos han reportado sentirse habitados por presencias ajenas. Su voz cambia, sus movimientos se alteran, y afirman perder el control sobre su conciencia. Este tipo de experiencias, lejos de ser marginales o exclusivas de contextos religiosos, aparecen documentadas en registros inquisitoriales del siglo XVI y también en estudios clínicos contemporáneos. Lo que varía profundamente es la interpretación: ¿posesión demoníaca, trastorno mental o expresión cultural?

La antropóloga Erika Bourguignon ya lo evidenció en 1973: en el 74 % de las 488 culturas analizadas, existen narrativas de posesión o trance. Estos relatos actúan como marcos para organizar lo inefable, momentos donde la identidad del individuo parece fracturarse. En algunos contextos, esta fractura es sagrada; en otros, es patológica. Lo importante es que la posesión ofrece un lenguaje con el cual hacer frente a una experiencia que desafía lo que entendemos como “yo”.

Teología, psiquiatría y neurología frente a lo inexplicable

Durante siglos, la Iglesia católica vio en la posesión un campo de batalla entre el bien y el mal. El exorcismo se institucionalizó como una herramienta doctrinal, no terapéutica. Con el tiempo, estas manifestaciones —convulsiones, discursos disociativos, rechazo a símbolos religiosos— fueron reinterpretadas por la ciencia como posibles expresiones de epilepsia, esquizofrenia o trastornos disociativos.

Actualmente, el Trastorno de Trance y Posesión es reconocido por la Organización Mundial de la Salud. Este diagnóstico contempla episodios donde la identidad habitual desaparece, a menudo acompañados de sufrimiento y pérdida de memoria. El criterio decisivo: que estas manifestaciones no formen parte de un ritual cultural. Si lo son, se consideran prácticas socialmente aceptadas, no trastornos.

El DSM-5, manual de referencia en psiquiatría, también aborda fenómenos similares bajo el rótulo de trastorno disociativo de la identidad, donde emergen diferentes configuraciones de personalidad, algunas de las cuales podrían ser interpretadas como entidades poseedoras. Pero en muchos lugares del mundo, como América Latina, África o Asia del Sur, estas manifestaciones no se ven como enfermedades, sino como comunicaciones con lo espiritual.

posesiones demoníacas
YouTube

Tradiciones que contienen el misterio

En diversas religiones, la posesión no es una amenaza, sino un puente entre mundos. En contextos afrodescendientes como el Vodou haitiano o el Candomblé brasileño, las posesiones se inducen para que los orishas o espíritus entren en el cuerpo del creyente, convirtiéndolo en canal de sabiduría, curación o justicia.

En el islam, los djinns —seres invisibles con libre albedrío— pueden causar posesiones, que son tratadas mediante la Roqya, una práctica de recitación coránica y contacto físico. Aunque en muchos casos es una terapia espiritual respetada, también existen prácticas más controvertidas que cruzan límites éticos y legales.

En la India, los rituales hindúes enfrentan a los bhootas o espíritus errantes a través de mantras, ofrendas y la invocación de deidades protectoras. Allí, la posesión se considera una escena donde fuerzas invisibles expresan conflictos sociales, familiares o morales.

Los rituales tibetanos budistas, como el Chöd, no buscan expulsar al espíritu sino apaciguarlo mediante la compasión. En tradiciones chamánicas amazónicas o siberianas, la posesión puede provenir de ancestros olvidados o espíritus del bosque. El chamán no combate, sino que negocia: devuelve equilibrio entre mundos.

¿Poseído o fragmentado? La frontera borrosa del diagnóstico

Casos como el de Anneliese Michel, fallecida tras decenas de exorcismos sin recibir tratamiento médico, evidencian los riesgos de ignorar la complejidad del fenómeno. A veces, lo que parece una posesión encubre una condición clínica como epilepsia del lóbulo temporal, trastornos psicóticos o encefalitis autoinmune (como la encefalitis anti-NMDA), donde el sistema inmunológico ataca el cerebro provocando alucinaciones y comportamientos extremos.

Pero incluso con un diagnóstico claro, muchas personas y comunidades siguen interpretando estos episodios como signos de otra cosa. Porque, en el fondo, lo que se manifiesta no siempre es lo que se cree. Lo que la medicina ve como un síntoma, otros lo viven como un mensaje.

posesiones demoníacas
YouTube

Entre la ciencia y el símbolo: ¿quién habla en nosotros?

¿Por qué, incluso con explicaciones científicas disponibles, persiste la creencia en la posesión? Parte de la respuesta está en cómo funciona nuestra mente. El cerebro humano tiende a construir narrativas, a atribuir intenciones, a buscar causas en agentes invisibles. Cuando lo inexplicable ocurre —una voz interna, un comportamiento anómalo, una desconexión del yo— nuestra psique recurre a lo que tiene a mano: mitos, símbolos, espíritus.

Lo poseído, entonces, no es solo un cuerpo afectado: es un espejo. Nos muestra nuestros miedos, nuestras grietas, nuestras formas de ordenar lo incomprensible. La posesión es, tal vez, menos una intrusión ajena que una revelación interna. Y aunque nunca sepamos del todo quién nos habla cuando no somos nosotros mismos… la pregunta sigue resonando.

¿Somos testigos de un desorden neurológico… o de una verdad que aún no sabemos nombrar?

🔬 ¿Te fascina la ciencia? Suscribite a nuestro canal de YouTube para contenido científico que te va a volar la cabeza.

▶ Suscribirme

One response to “Cuando algo nos habita: lo que las posesiones dicen de nosotros más allá del bien y del mal”

  1. […] El guion fue desarrollado por Silvina Frejdkes y Alejandro Quesada, mientras que la producción ejecutiva reúne a Ortega junto con Pablo Culell. Este equipo creativo buscó construir una historia que combine elementos de drama juvenil con conflictos sociales contemporáneos. […]

Deja tu comentario

Trending

Descubre más desde Oasis Nerd

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo