El océano guarda una energía colosal en cada ola que rompe. Aunque su potencial supera con creces al de otras fuentes renovables, aún no hemos sabido explotarlo del todo. Sin embargo, un nuevo enfoque, tan inesperado como poderoso, pone al sonido submarino en el centro de una posible revolución energética.
El poder oculto en las olas
Las olas marinas generan entre 50 y 80 teravatios de energía en todo el mundo cada año, una cifra que podría duplicar o triplicar el consumo energético global. Aun capturando apenas el 1 % de esta energía, podríamos abastecer la mitad de las necesidades eléctricas del planeta.

A diferencia de la energía solar o eólica, la energía undimotriz (de las olas) es constante, pero su aprovechamiento ha sido limitado. Las razones: dificultades técnicas en alta mar y sistemas de captación poco eficientes, especialmente en aguas profundas.
La clave está en el sonido
Un reciente estudio científico plantea una alternativa sorprendente: usar ondas acústicas submarinas para amplificar las olas superficiales. Esto se logra mediante un fenómeno físico conocido como “tríada resonante”, donde dos ondas sonoras sincronizadas transfieren energía a una ola superficial, incrementando su altura hasta un 30 %.
El sonido viaja en el agua mucho más rápido que una ola —1.500 metros por segundo frente a unas decenas—, y es precisamente esta diferencia lo que permite un traspaso energético eficiente si se ajustan las frecuencias adecuadas.
¿Cómo podría aplicarse esta tecnología?
Actualmente existen generadores de ondas acústicas en entornos de laboratorio. El desafío es llevar esta tecnología al mar abierto, donde podría potenciar dispositivos ya existentes, como turbinas undimotrices y columnas de agua oscilante. Además, al ser un método no invasivo, tendría un menor impacto ambiental.
El sistema sería especialmente eficiente en zonas de poca profundidad, donde la transferencia de energía es más efectiva. En aguas profundas, en cambio, el rendimiento disminuye.
Más allá de la energía: alertas de tsunamis
Este mecanismo también ofrece ventajas inesperadas. Durante el tsunami de Tonga en 2022, se detectó una resonancia natural entre olas y ondas sonoras. Esto sugiere que, en teoría, podríamos algún día modular tsunamis con sonido submarino, aunque la implementación aún está lejos.

De forma más inmediata, este hallazgo podría mejorar los sistemas de alerta temprana. Se estima que solo 30 estaciones de hidrófonos bastarían para cubrir las zonas costeras más vulnerables, complementando las boyas y sismómetros actuales.
Obstáculos técnicos por resolver
Para que esta idea se convierta en una realidad, deben afinarse varios parámetros: la potencia de las ondas acústicas, su frecuencia y su posible impacto en la fauna marina. Las simulaciones indican que la presión necesaria es segura, muy por debajo de los niveles peligrosos que podrían provocar cavitación u otros efectos dañinos.
Aunque aún en fase experimental, esta sinergia entre sonido y mar abre una vía prometedora hacia una energía más limpia y sistemas de prevención más eficientes. El futuro podría estar resonando bajo el agua.
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[…] disciplinas, como la geología, la oceanografía y la sismología. La comprensión de los tsunamis es crucial para la protección de las comunidades costeras y para la preservación del medio […]