Durante años, la idea de enamorarse de una inteligencia artificial parecía una simple trama de ciencia ficción. Sin embargo, recientes encuestas muestran que esta posibilidad ya no pertenece solo a la imaginación. Lo que comenzó como una curiosidad tecnológica ha evolucionado hacia una forma de relación emocional que, para algunos, resulta tan real como cualquier vínculo humano.

Una conexión inesperada entre el algoritmo y el corazón
Cuando surgieron productos como Friend, un colgante de IA diseñado para ofrecer “compañía” portátil, muchos se rieron del concepto. Sin embargo, las cifras más recientes sugieren que no todos lo tomaron como una broma. De acuerdo con una encuesta realizada por Vantage Point, un servicio de consejería con sede en Texas, casi el 30% de los adultos encuestados afirmó haber mantenido al menos una relación romántica con un chatbot de IA.
El estudio, basado en las respuestas de 1.012 participantes, se considera más una referencia sociológica que un análisis científico, aunque no deja de ser revelador. La encuesta evidencia que la línea entre “interacción” y “relación” es cada vez más difusa, especialmente cuando las conversaciones con una IA despiertan emociones o incluso deseo.
Un ejemplo de esta ambigüedad es el testimonio de un participante que confesó mantener “chats sexuales” con su chatbot, pero sin considerarlo una relación. Esa diferencia en la percepción individual refleja el dilema central: ¿dónde termina la curiosidad tecnológica y dónde comienza el vínculo emocional?

Los jóvenes y el nuevo rostro del afecto digital
Otros estudios refuerzan la tendencia. Según datos combinados de Match.com y el Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana, el 16% de los adultos ha interactuado con una IA de forma romántica. Las cifras aumentan de manera notable entre los más jóvenes: el 23% de los millennials y el 33% de la Generación Z admiten haber tenido algún tipo de interacción afectiva con una IA.
Aunque Vantage Point no separó los resultados por edad, los patrones indican que las generaciones nacidas en la era digital están más dispuestas a explorar nuevas formas de relación. Curiosamente, también son los más propensos a considerar este tipo de vínculos como infidelidad, especialmente si ya existe una pareja humana. De hecho, el 66% de los encuestados cree que mantener un “noviazgo” con un chatbot constituye una traición emocional.
Estudios complementarios, como los de DatingAdvice.com y Family Studies/YouGov, muestran que una minoría —alrededor del 1% de los jóvenes estadounidenses— ya tiene una “pareja” de IA, mientras que el 7% estaría abierto a experimentar una relación así. La realidad parece superar las expectativas, impulsada por la facilidad con que los algoritmos imitan empatía y comprensión.
Un futuro donde las emociones ya no distinguen lo humano
Las encuestas recientes de Bloomberg reflejan una actitud ambivalente: cerca del 60% de la Generación Z se muestra cautelosa ante el uso de la IA para buscar pareja o comunicarse románticamente. Sin embargo, el mismo porcentaje reconoce que estos sistemas pueden resultar útiles para romper el hielo o escribir mensajes más atractivos.
En plataformas como Reddit, comunidades como r/MyBoyfriendIsAI evidencian cómo la línea entre acompañamiento emocional y relación amorosa se desdibuja. Según un análisis de sus usuarios, solo el 6,5% comenzó con intenciones románticas, pero muchos terminaron desarrollando sentimientos reales.
Aunque por ahora menos del 30% de los estadounidenses ha mantenido una relación romántica con un chatbot, los expertos prevén que esta cifra seguirá aumentando. En un mundo cada vez más digitalizado, la soledad encuentra nuevas formas de compañía… y el corazón, nuevos riesgos en los que quizá la inteligencia artificial no solo escucha, sino que también enamora.
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Carolina Couselo cubre cine, series y anime en Oasis Nerd. Cinéfila apasionada, sus reseñas se destacan por una mirada crítica que va más allá de los títulos obvios — siempre en busca de esa película o serie que todavía no encontró su audiencia. Si hay un underdog en las pantallas, Carolina probablemente ya lo vio.





