Una diferencia que se mantiene en todo el mundo
En casi todas las sociedades humanas, las mujeres viven más tiempo que los hombres. En Estados Unidos, por ejemplo, la esperanza de vida femenina es de 80 años, frente a los 75 de los hombres, según el New York Times.
Esta ventaja —de unos cinco años en promedio— persiste incluso en contextos extremos como guerras o hambrunas, lo que sugiere una base biológica sólida.
El papel del segundo cromosoma X
Desde el punto de vista genético, una de las explicaciones más estudiadas es el efecto del segundo cromosoma X, presente solo en las mujeres.
Investigaciones lideradas por Dena Dubal, de la Universidad de California en San Francisco, demostraron en ratones que aquellos con dos cromosomas X vivían más tiempo que los que solo tenían uno, sin importar su sexo biológico.
Este hallazgo apunta a que el segundo cromosoma X podría actuar como respaldo genético frente a mutaciones dañinas o incluir genes asociados a la longevidad. Aunque aún no se ha comprobado de forma concluyente en humanos, la hipótesis gana fuerza.

Las hormonas y el sistema inmunológico
Las hormonas también desempeñan un papel crucial. El estrógeno, predominante en las mujeres, ofrece un efecto protector sobre el sistema cardiovascular y el inmunitario.
La investigadora Bérénice Benayoun, de la Universidad del Sur de California, señala que antes de la menopausia las mujeres presentan una respuesta inmunológica más eficaz, lo que las protege de infecciones graves.
Un estudio de 2017 reveló que las mujeres que llegan a la menopausia después de los 50 años tienden a vivir más tiempo, reforzando la relación entre los niveles de estrógeno y la longevidad.
Además, algunos expertos como Tom Kirkwood, de la Universidad de Newcastle, sugieren que las variaciones en el ritmo cardíaco durante el ciclo menstrual podrían tener un efecto similar al ejercicio moderado, fortaleciendo el corazón a lo largo del tiempo.
Factores conductuales: riesgos, hábitos y atención médica
Más allá de la biología, el comportamiento influye de forma determinante.
Los hombres, en promedio, asumen más riesgos y muestran mayores tasas de mortalidad por accidentes, violencia o conductas de alto riesgo.
Investigadores de Harvard apuntan a que el desarrollo más lento del lóbulo frontal —la región del cerebro vinculada al juicio— podría explicar parte de esta tendencia.

En el plano sanitario, los hombres suelen acudir menos al médico y retrasan la consulta ante síntomas importantes, lo que dificulta la detección temprana de enfermedades.
También presentan tasas más altas de consumo de tabaco, alcohol y drogas, lo que incrementa el riesgo de patologías crónicas.
En Rusia, por ejemplo, la diferencia de esperanza de vida entre hombres y mujeres llega a los 13 años, atribuida en gran medida a esos hábitos, según la BBC.
Los roles sociales y la brecha que podría cerrarse
Los factores culturales también pesan. Los National Institutes of Health (NIH) advierten que los estereotipos de masculinidad, asociados a la fortaleza o al autocontrol, pueden desincentivar la búsqueda de ayuda médica o emocional, afectando la salud a largo plazo.
Este fenómeno se conoce como “masculinidad hegemónica”, y diversos estudios lo vinculan con una menor esperanza de vida en los hombres.
Sin embargo, en los países con mejor acceso a la salud y mayor igualdad social —como Islandia o las naciones escandinavas—, la brecha de longevidad tiende a reducirse.
De mantenerse esta tendencia, los científicos prevén que podría desaparecer hacia 2050, demostrando que los factores sociales y ambientales son tan determinantes como los biológicos.
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