Durante años, el paracetamol ha sido considerado un analgésico seguro en el embarazo. Sin embargo, declaraciones recientes del expresidente estadounidense Donald Trump volvieron a situar al medicamento en el centro de una polémica global. Ahora, un nuevo metaanálisis liderado por la Universidad de Liverpool desmonta ese temor y reafirma la posición de las agencias sanitarias internacionales: no hay pruebas de que el paracetamol cause autismo ni trastornos del desarrollo infantil.
Una revisión sin precedentes
El estudio, publicado en British Medical Journal, analizó nueve revisiones sistemáticas que abarcan 40 investigaciones observacionales sobre el consumo de paracetamol durante el embarazo. Su objetivo: evaluar si existía un vínculo entre este fármaco y el autismo, el TDAH u otros trastornos neuroconductuales.
Los resultados fueron concluyentes: la evidencia disponible es “baja o críticamente baja”. Según la profesora Shakila Thangaratinam, autora principal, “las mujeres deben saber que no hay una relación demostrada entre el paracetamol y estos trastornos”.
El peso de los sesgos y los factores genéticos
Aunque algunos estudios previos habían sugerido una asociación, la mayoría advirtió sobre riesgos de sesgo y factores no controlados, como antecedentes familiares o condiciones ambientales.
Cuando los investigadores ajustaron las variables genéticas y sociales, la supuesta relación desapareció o se redujo significativamente. “Si existe una predisposición genética al autismo o al TDAH, esa es probablemente la causa del diagnóstico, no el uso de paracetamol”, explicó Thangaratinam.

La revisión también enfatiza un punto clave: tratar la fiebre o el dolor durante el embarazo es importante para la salud fetal. Ignorar estos síntomas puede acarrear riesgos mayores que el propio medicamento.
Respaldo científico y consenso internacional
Diversos expertos internacionales respaldaron los hallazgos.
El profesor Dimitrios Siassakos, del University College London, señaló que “el paracetamol sigue siendo el fármaco más seguro para las embarazadas y no hay evidencia de que afecte al desarrollo neurológico”.
De forma similar, Steven Kapp, psicólogo de la Universidad de Portsmouth, afirmó que los estudios más rigurosos —como los realizados con hermanos expuestos y no expuestos— no han encontrado correlación alguna.
Tanto la OMS como la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) reiteraron que el paracetamol puede utilizarse bajo supervisión médica y en las dosis más bajas posibles. La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), en línea con estos organismos, recordó que el autismo tiene un origen multifactorial con una alta heredabilidad, y que “no existe una sola causa que lo explique”.

El impacto de la desinformación
Las declaraciones de Trump, realizadas en septiembre de 2025, generaron confusión y alarma en redes sociales. Especialistas advirtieron sobre el riesgo de difundir información sin respaldo científico, especialmente cuando puede afectar decisiones médicas sensibles.
El psiquiatra argentino Andrés Luccisano subrayó que “reducir el origen del autismo al consumo de un medicamento es una simplificación que oscurece el abordaje clínico”.
Por su parte, la doctora Alexia Rattazzi, experta en salud mental infantojuvenil, remarcó que las investigaciones recientes son contradictorias, pero ninguna concluyente, y que “la recomendación actual sigue siendo usar paracetamol solo cuando sea necesario”.
Conclusión: ciencia frente a ruido político
La nueva revisión del BMJ devuelve serenidad al debate. No hay evidencia científica que justifique el miedo al paracetamol durante el embarazo. Los expertos coinciden: la automedicación es peligrosa, pero también lo es el alarmismo infundado.
Mientras la ciencia avanza, el mensaje sigue siendo el mismo: ante fiebre o dolor, consultar al médico. La salud materna —y la del bebé— no debe ponerse en riesgo por titulares ni rumores.
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