Este acuerdo representa uno de los avances ambientales más importantes de las últimas décadas y un punto de inflexión en la gobernanza global de los océanos.
El umbral que desbloqueó el tratado
Tras la ratificación por parte de Marruecos y Sierra Leona en septiembre —los Estados número 60 y 61— se alcanzó el umbral legal necesario para activar el acuerdo. Desde entonces, el respaldo internacional no ha dejado de crecer.
Hasta ahora, no existía una base jurídica sólida y ampliamente aceptada para proteger las aguas internacionales, un vacío legal que había convertido a la alta mar en una tierra de nadie.
Qué es la alta mar y por qué es tan vulnerable
La alta mar comprende todas las zonas oceánicas situadas a más de 210 millas náuticas de cualquier costa. Esto equivale a dos tercios de los océanos del mundo.
Al no pertenecer a ningún Estado en particular, estas aguas han estado expuestas durante décadas a la sobrepesca, la contaminación y, más recientemente, a la amenaza de la minería en aguas profundas, sin mecanismos efectivos de control.
Cuando la protección funciona: el ejemplo de Hawái
Existen precedentes que demuestran que proteger el océano da resultados. Uno de los casos más claros es el del Monumento Nacional Marino Papahānaumokuākea, en el Pacífico.
En 2016, el entonces presidente de Estados Unidos amplió esta área protegida hasta alcanzar 1,5 millones de kilómetros cuadrados y prohibió la pesca. Desde entonces, numerosas especies han regresado y los ecosistemas muestran signos claros de recuperación.
El mensaje es contundente: cuando se deja al océano recuperarse, lo hace.
Áreas marinas protegidas más allá de las fronteras
El nuevo Acuerdo de Alta Mar busca replicar este enfoque a escala global. Permitirá crear áreas marinas protegidas en aguas internacionales, donde actualmente no rigen leyes nacionales.
Estas zonas tendrán como objetivo frenar la pérdida acelerada de biodiversidad causada por el calentamiento oceánico, la pesca industrial y la contaminación.
Biodiversidad, recursos genéticos y evaluaciones ambientales
El tratado no solo protege especies y ecosistemas. También regula el uso futuro de los recursos genéticos marinos, clave para la investigación científica y farmacéutica, e introduce evaluaciones de impacto ambiental obligatorias para actividades en alta mar.
Esto supone un cambio profundo en la forma en que la humanidad interactúa con el océano abierto.
La ciencia revela un ecosistema desconocido
Gracias a tecnologías como cámaras submarinas y sensores avanzados, los científicos están descubriendo que la alta mar alberga una biodiversidad mucho mayor de la que se creía.
Según Stefan Hain, del Instituto Alfred Wegener, muchos organismos marinos han sido identificados recién en los últimos 10 o 20 años. “Ahora sabemos que la alta mar es un hábitat extremadamente valioso que necesita protección urgente”, afirma.
Alta mar y clima: una relación clave
El océano abierto juega un papel fundamental en la regulación del clima global. Sus corrientes y su capacidad para absorber dióxido de carbono ayudan a amortiguar el calentamiento del planeta.
Proteger estas áreas no solo beneficia a la biodiversidad, sino que también refuerza la lucha contra el cambio climático.

El objetivo 30×30
El acuerdo pretende contribuir a un objetivo global ambicioso: proteger el 30 % del océano para 2030. Actualmente, apenas el 1 % de la alta mar cuenta con algún tipo de protección efectiva.
Alcanzar esta meta marcaría un antes y un después en la conservación marina.
Optimismo con cautela
Pese al entusiasmo, persisten interrogantes clave. ¿Quién vigilará el cumplimiento del acuerdo? La pesca intensiva sigue siendo habitual en muchas zonas de alta mar y algunos Estados podrían incumplir las normas sin mecanismos de control efectivos.
El monitoreo por satélite es una herramienta útil, pero insuficiente sin presencia física de buques de vigilancia.
El dilema de la minería en aguas profundas
Otra incógnita es si la protección de la “biodiversidad en alta mar” incluye explícitamente el fondo marino. Países como Estados Unidos, Rusia y China mantienen posturas agresivas respecto a la minería submarina, lo que podría generar tensiones futuras.
Un cambio clave: sin derecho a veto
A diferencia de otros acuerdos internacionales, el nuevo tratado introduce una novedad crucial: no se requiere unanimidad para crear áreas protegidas. Bastará con una mayoría de tres cuartos de los Estados presentes y votantes.
Esta decisión busca evitar bloqueos políticos y agilizar la protección del océano.
El verdadero trabajo empieza ahora
La entrada en vigor del Acuerdo de Alta Mar es solo el primer paso. En los próximos años será necesario crear instituciones, definir mecanismos financieros y establecer reglas claras para su implementación.
En un contexto global donde el multilateralismo atraviesa dificultades, este acuerdo representa una rara pero poderosa señal de esperanza para la cooperación internacional y la defensa del planeta.
🔬 ¿Te fascina la ciencia? Suscribite a nuestro canal de YouTube para contenido científico que te va a volar la cabeza.
▶ Suscribirme




