Durante mucho tiempo, la imagen dominante fue clara: los océanos, saturados de residuos, liberaban microplásticos al aire que luego se dispersaban por todo el planeta. Sin embargo, nuevas evidencias científicas indican que esa explicación era, como mínimo, incompleta. El aire no es un mero receptor pasivo del plástico marino, sino un actor central —y hasta ahora subestimado— del ciclo global del plástico.
Microplásticos también en el aire que respiramos
Se denomina microplásticos a las partículas de plástico con un tamaño entre 0,001 y 5 milímetros. Aún más pequeños son los nanoplásticos, invisibles al ojo humano. Ambos tipos no solo contaminan mares y suelos: también flotan en la atmósfera, se inhalan y se depositan incluso en regiones remotas, lejos de cualquier fuente directa de contaminación.
Un nuevo estudio de la Universidad de Viena, publicado en la revista Nature, analizó específicamente el origen de estos microplásticos atmosféricos. La conclusión es contundente: la mayor parte no proviene del océano, sino de fuentes terrestres.
La atmósfera, un sistema de transporte global
El trabajo demuestra que la atmósfera funciona como una autopista planetaria para las partículas de plástico. Los microplásticos pueden viajar miles de kilómetros impulsados por el viento antes de volver a depositarse en tierra, en el mar o incluso sobre superficies heladas. Esto convierte al aire en un eslabón clave del ciclo del plástico, algo que hasta ahora había sido poco considerado.
¿Se sobreestimó el papel del océano?
Las fuentes de microplásticos se dividen en dos grandes grupos. Por un lado, las emisiones primarias: el desgaste de los neumáticos, las fibras textiles sintéticas que se desprenden de la ropa o ciertos procesos industriales. Por otro, la reemisión de partículas ya depositadas, que el viento vuelve a levantar desde el suelo o la superficie marina.
Durante años, muchos estudios señalaron al océano como la principal fuente, basándose en su enorme superficie y en la cantidad de plástico que contiene. Sin embargo, faltaban datos comparables a escala global.
Veinte veces más desde tierra firme
El equipo formado por Ioanna Evangelou, Silvia Bucci y Andreas Stohl, del Instituto de Meteorología y Geofísica de la Universidad de Viena, recopiló 2.782 mediciones individuales de microplásticos atmosféricos de estudios previos en todo el mundo. Estos datos se compararon con simulaciones de modelos de transporte global.
El resultado fue sorprendente: las concentraciones de microplásticos en el aire y su deposición en la superficie se habían sobreestimado durante años, tanto en tierra como en el mar. Tras ajustar los modelos, los investigadores concluyeron que se emiten más de 20 veces más partículas de microplástico desde tierra firme que desde el océano.
Eso sí, hay un matiz clave. “La masa total emitida es mayor sobre el océano”, explica Evangelou, “porque las partículas marinas suelen ser de mayor tamaño”. Es decir, hay menos partículas, pero más pesadas.
Un rompecabezas aún incompleto
Pese al avance, los científicos subrayan que persisten grandes incertidumbres. Aún no está claro qué proporción exacta de los microplásticos atmosféricos proviene del tráfico, de la industria o de otras fuentes, ni cómo se distribuyen los tamaños de las partículas.
El estudio marca un punto de inflexión: si queremos reducir la presencia de microplásticos en el aire, el foco ya no puede estar solo en los océanos. Las soluciones pasan, sobre todo, por tierra firme. Y por el aire que respiramos.
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