Durante casi dos décadas, el síndrome de la nariz blanca avanzó por América del Norte dejando detrás colonias de murciélagos reducidas drásticamente. Ahora, el hongo responsable de la enfermedad ha llegado mucho más al norte de lo que los especialistas habían documentado hasta el momento.

La infección fue confirmada en un refugio invernal cercano a Fort Smith, en los Territorios del Noroeste de Canadá, aproximadamente a 725 kilómetros del círculo polar ártico. Se trata del sitio de hibernación conocido más septentrional del continente donde se ha detectado la enfermedad.

El hallazgo ocurrió cuando las investigadoras Jesika Reimer y Joanna Wilson ingresaron en una de las cuevas de la región y encontraron un murciélago muerto cubierto por una sustancia blanquecina. Poco después localizaron otro ejemplar con señales similares en las alas y los antebrazos.

Los análisis de laboratorio terminaron confirmando la presencia de Pseudogymnoascus destructans, el hongo responsable de una enfermedad que ya ha matado a millones de murciélagos.

Una enfermedad que los despierta durante la hibernación

El problema no es únicamente la presencia del hongo sobre el cuerpo. Durante el invierno, P. destructans crece sobre la piel de la cara, las alas y otras zonas expuestas mientras los murciélagos permanecen hibernando.

La infección puede alterar sus ciclos de descanso y provocar que despierten más veces de lo habitual, consumiendo rápidamente las reservas de grasa que necesitan para sobrevivir hasta la primavera. En los casos más graves, los animales terminan muriendo por deshidratación o inanición.

Las especies pequeñas son especialmente vulnerables porque cuentan con menos reservas energéticas. Entre las que habitan las cuevas de Fort Smith se encuentran el murciélago café pequeño (Myotis lucifugus) y el murciélago orejudo del norte (Myotis septentrionalis), dos especies que ya han sufrido fuertes descensos en otras regiones afectadas.

En algunos lugares, la enfermedad redujo en torno al 90% las poblaciones de murciélago café pequeño y hasta un 99% las de orejudo del norte.

Un hongo mortal para los murciélagos llegó hasta uno de los refugios más remotos de Canadá
CTV News – Youtube.

Una cueva con miles de murciélagos

El refugio afectado forma parte de un conjunto de cuevas cuya importancia comenzó a conocerse alrededor de 2010. Hasta entonces, los biólogos sabían que existían colonias de murciélagos durante el verano en los Territorios del Noroeste, pero no estaba claro dónde pasaban los largos inviernos.

La principal de estas cuevas posee 11 cámaras y alberga unos 3.000 ejemplares, lo que la convierte en uno de los refugios invernales más importantes del oeste canadiense.

Precisamente por eso la llegada del hongo preocupa tanto. Si la enfermedad se comporta allí como lo hizo más al sur, podría transformar profundamente unas poblaciones que han conseguido adaptarse a condiciones extremas, con inviernos largos y temperaturas muy bajas.

Sin embargo, esas mismas temperaturas podrían convertirse en una ventaja inesperada.

El frío extremo podría frenar al hongo

Pseudogymnoascus destructans prospera alrededor de los 10 °C, mientras que algunas cámaras de las cuevas del norte permanecen considerablemente más frías e incluso pueden caer por debajo de cero.

Los investigadores consideran que esas condiciones podrían ralentizar el desarrollo del patógeno y reducir su impacto. Hasta el momento, además, no se ha observado una mortalidad masiva comparable a la registrada anteriormente en grandes colonias estadounidenses y canadienses.

Otra esperanza procede de un tratamiento experimental basado en microorganismos probióticos presentes naturalmente en las alas de los murciélagos. Investigadores de la Universidad McMaster están probando combinaciones capaces de dificultar el crecimiento del hongo y que pueden transmitirse entre animales dentro de las colonias.

Los primeros ensayos han mostrado señales prometedoras, aunque todavía queda por comprobar si este enfoque puede proteger poblaciones enteras.

Enfermedad, incendios y un ecosistema bajo presión

La llegada del síndrome coincide además con otro problema. Grandes incendios forestales ocurridos en 2023 arrasaron parte de los bosques que rodean las cuevas de Fort Smith, reduciendo lugares de alimentación y refugio durante los meses cálidos.

Los investigadores incluso estudian si esa alteración del paisaje pudo contribuir indirectamente a la propagación del hongo, obligando a algunos murciélagos a desplazarse más lejos y entrar en contacto con colonias infectadas.

La verdadera magnitud del brote se conocerá después del próximo invierno, cuando los científicos regresen a las cuevas para comprobar cuántos animales sobrevivieron.

Por ahora, la aparición del hongo en uno de los refugios más septentrionales conocidos demuestra que ni siquiera las poblaciones de murciélagos adaptadas a algunos de los ambientes más extremos del continente están fuera del alcance de una enfermedad que lleva casi veinte años avanzando hacia el norte.

Fuente: Infobae.

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