Durante años, los datos parecían indicar que la humanidad estaba aprendiendo a convivir mejor con los desastres naturales. Menos víctimas, mejores alertas, infraestructuras más resistentes. Sin embargo, el cambio climático está modificando las reglas del juego. Mientras algunas amenazas se controlan mejor, otras, como el calor extremo, avanzan de forma silenciosa y plantean una pregunta inquietante: ¿hasta dónde llega nuestra capacidad real de resistencia?

Menos muertes, más preparación

Las cifras globales muestran una tendencia aparentemente positiva. Entre 2015 y 2025, unas 305.000 personas murieron a causa de desastres relacionados con el clima, frente a las 354.000 de la década anterior. Desde 1970, estos eventos han causado más de 2,3 millones de muertes en todo el mundo, según la base de datos EM-DAT del CRED.

Esta reducción no se debe a que los fenómenos sean menos extremos. Al contrario. Como explica Marina Romanello, directora de Lancet Countdown, la clave está en la adaptación: sistemas de alerta temprana, planes de evacuación, infraestructuras reforzadas y una mayor cooperación internacional. La ciencia y la prevención están salvando vidas, pero no eliminan el peligro.

El límite de la resistencia humana frente al clima extremo: ¿hasta dónde podemos aguantar?
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El calor, un enemigo invisible

La gran excepción a esta tendencia es el calor extremo. A diferencia de tormentas o inundaciones, no deja imágenes espectaculares, pero sus efectos son devastadores. Personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas y trabajadores expuestos al exterior son los más vulnerables.

Solo en 2022 se atribuyeron unas 61.800 muertes a olas de calor, 48.000 en 2023 y 66.825 en 2024. Aun así, los expertos coinciden en que estas cifras están subestimadas. Si se amplía la mirada al impacto general del calor, la mortalidad global alcanzó una media de 546.000 muertes anuales entre 2012 y 2021, un 63 % más que en los años noventa. Según Theodore Keeping, investigador del Imperial College London, este aumento ya puede atribuirse directamente al calentamiento global.

Progreso desigual y vulnerabilidad persistente

En inundaciones y tormentas, los avances son claros, pero desiguales. Entre 2015 y 2025, las muertes por inundaciones descendieron de 66.043 a 55.423, mientras que las provocadas por tormentas cayeron de 184.237 a 36.652.

El límite de la resistencia humana frente al clima extremo: ¿hasta dónde podemos aguantar?
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Sin embargo, esta mejora es frágil. En 2024, unas 17.200 personas murieron en desastres naturales, principalmente en África y Asia-Pacífico, regiones más expuestas y con menos recursos. Como advierte Tobias Grimm, experto en riesgos climáticos, “el peligro sigue siendo muy alto” y basta un solo evento extremo para revertir cualquier estadística.

El punto de ruptura de la resiliencia

La resiliencia no es infinita. Cuando los desastres se repiten sin dar tiempo a la reconstrucción, los sistemas sanitarios colapsan, las infraestructuras se degradan y la cohesión social se debilita. El verdadero desafío no es solo cuántas vidas se salvan hoy, sino cuántos impactos consecutivos pueden soportar nuestras sociedades.

La adaptación es imprescindible, pero no suficiente. Sin una reducción rápida y sostenida de las emisiones de gases de efecto invernadero, el calentamiento global seguirá empujando a la humanidad hacia ese límite invisible donde la capacidad de resistencia empieza a fallar.

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