Dormir bajo un cielo negro absoluto, ver la Tierra elevarse en el horizonte lunar y caminar sobre regolito plateado ya no suena exclusivamente a ciencia ficción. Al menos esa es la ambición de Skyler Chan, ingeniero recién graduado de la Universidad de California en Berkeley y fundador de la ‘start-up’ Galactic Resource Utilization Space (GRU Space).

Su objetivo es claro: construir el primer hotel en la Luna y recibir a los primeros huéspedes en 2032.

Un hotel exclusivo… y carísimo

El proyecto ya ha abierto un proceso de solicitud. Para optar a una plaza es necesario pagar un depósito inicial de 1.000 dólares, no reembolsable. Si la candidatura es aceptada, se exigirá un segundo depósito de entre 250.000 y 1 millón de dólares para asegurar el lugar.

El precio final aún no está definido, pero la empresa estima que podría superar los 10 millones de dólares por persona.

En su primera versión, el hotel podrá alojar hasta cuatro visitantes durante cinco noches, con sistemas avanzados de soporte vital que regularán oxígeno, temperatura y agua, además de protección frente a radiación y micrometeoritos.

Cómo se construye un hotel en la Luna

Antes de recibir turistas, el plan contempla varias fases:

En una segunda etapa, Chan pretende ampliar la capacidad a diez personas y utilizar minería de recursos in situ (ISRU) para fabricar parte de la infraestructura con materiales lunares.

La arquitectura, según ha adelantado, estaría inspirada en el Palacio de Bellas Artes de San Francisco.

Más allá del hotel: una visión interplanetaria

El hotel sería solo el primer paso. La hoja de ruta incluye la construcción de carreteras, depósitos y bases permanentes en la superficie lunar. Y, a largo plazo, replicar el modelo en Marte.

El proyecto ha atraído el interés de inversores vinculados a SpaceX, la compañía fundada por Elon Musk, así como de empresas tecnológicas de defensa como Anduril.

Mientras tanto, la carrera por el turismo espacial continúa, con actores como Blue Origin, fundada por Jeff Bezos, compitiendo por liderar el sector.

¿Realidad o marketing futurista?

La pregunta clave es si el calendario es técnicamente viable. Construir infraestructuras permanentes en la Luna implica superar enormes desafíos logísticos, energéticos y económicos. Además, dependerá de lanzadores reutilizables, reducción de costes y cooperación internacional.

Lo que está claro es que el turismo espacial ya no es una fantasía aislada. Es una industria en desarrollo, aunque todavía reservada a una élite económica.

Dormir en la Luna puede que no sea para todos. Pero por primera vez, alguien está vendiendo habitaciones.

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