Durante décadas, el Pantanal fue sinónimo de equilibrio natural: ciclos previsibles de sequía e inundación, una biodiversidad exuberante y una resiliencia que parecía inagotable. Hoy, ese equilibrio está en riesgo. Los datos climáticos más recientes confirman que este humedal único atraviesa la transformación más drástica registrada en Brasil.
El bioma que más se ha calentado en 40 años
Entre 1985 y 2024, el Pantanal registró un aumento de casi 1,9 °C en su temperatura media. Esto lo convierte en el bioma brasileño con el calentamiento más intenso del período, muy por encima del promedio nacional.
Según el informe MapBiomas Atmosphere, la temperatura en la región aumentó a un ritmo de 0,47 °C por década, un 60 % más rápido que el conjunto del país. En términos absolutos, la temperatura media del Pantanal alcanzó los 26,2 °C, frente a los 24,6 °C de media en Brasil.
Estos datos, obtenidos a partir de la base europea ERA5 del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, confirman una tendencia sostenida y no un episodio aislado.

Menos lluvias y un ciclo de inundación debilitado
El calentamiento no llega solo. En paralelo, las precipitaciones han disminuido de forma constante: unos 10 milímetros menos por década durante los últimos 45 años. Aunque la cifra pueda parecer modesta, su impacto es profundo en un ecosistema que depende del pulso anual de inundaciones.
Entre finales de los años 80 y comienzos de los 90, la superficie inundada anual del Pantanal rondaba los 16.000 km². En la última década, esa cifra cayó a apenas 4.600 km², una reducción cercana al 75 %.
Este cambio altera toda la dinámica ecológica del humedal: afecta la reproducción de peces, la disponibilidad de alimento para aves y mamíferos y la regeneración natural de la vegetación.
Calor extremo, sequías e incendios masivos
Los estudios también muestran que las temperaturas máximas están aumentando más rápido que las mínimas. En la práctica, los días se vuelven cada vez más calurosos, intensificando la evaporación y secando el suelo.
Cuando estas condiciones se combinan con sequías prolongadas, surgen los llamados eventos climáticos compuestos. El resultado es devastador. En 2020, más de una cuarta parte del Pantanal ardió, causando la muerte de millones de animales. En 2024, una nueva sequía histórica volvió a desencadenar incendios a gran escala.

Un ecosistema atrapado en una espiral de vulnerabilidad
Aunque el Pantanal conserva aún cerca del 85 % de su vegetación original, su fragilidad aumenta. La región depende de la humedad transportada desde la Amazonía a través de los llamados “ríos voladores”. La deforestación en la Amazonía y el Cerrado reduce ese flujo de humedad y afecta directamente el régimen hídrico del humedal.
Investigaciones recientes indican que gran parte de la reducción de lluvias en la Amazonía durante la estación seca está ligada a la pérdida de vegetación. Dado que el Pantanal se alimenta de aguas provenientes de esos biomas, el impacto es acumulativo.
Los expertos advierten que el humedal enfrenta una peligrosa espiral: más calor, menos lluvia, más incendios y menor capacidad de recuperación. Lo que está en juego no es solo un paisaje emblemático, sino uno de los ecosistemas más ricos y singulares del planeta.
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