Durante décadas, la astronomía creyó haber descifrado una de las reglas básicas del cosmos: los planetas rocosos se forman cerca de su estrella y los gigantes gaseosos quedan relegados a las regiones más lejanas. Era un patrón tan consistente que parecía casi universal.
una arquitectura que no encaja con lo conocido
El sistema gira alrededor de la estrella LHS 1903, una enana roja situada a unos 116 años luz de la Tierra. Allí, los científicos identificaron cuatro planetas, pero lo realmente llamativo no es su cantidad, sino su distribución.
Esta configuración rompe con lo que observamos en el Sistema Solar y en la mayoría de los sistemas conocidos, donde los planetas rocosos ocupan las zonas internas y los gigantes gaseosos dominan las externas. Aquí, esa lógica simplemente no se cumple.
por qué este sistema obliga a replantear teorías
Hasta ahora, las teorías de formación planetaria se apoyaban en un principio bastante claro: la temperatura del disco de gas y polvo alrededor de una estrella determina qué tipo de planeta puede formarse.
En las regiones cercanas, el calor impide que los gases se mantengan, favoreciendo la formación de mundos rocosos. Más lejos, el frío permite que se acumulen grandes cantidades de gas, dando lugar a planetas gigantes.
Pero LHS 1903 rompe ese esquema. Su planeta más externo, LHS 1903 e, es rocoso, denso y con una temperatura estimada cercana a los 60 °C. No debería estar allí según los modelos actuales, y eso es precisamente lo que lo hace tan importante.

una historia más compleja de lo que parece
Una posibilidad es que el planeta exterior se haya formado cuando el gas del sistema ya se había disipado, lo que impediría la formación de una atmósfera gaseosa.
Otra hipótesis sugiere un escenario más dinámico: los planetas podrían haberse desplazado con el tiempo. Interacciones gravitatorias o cambios en el disco de gas habrían alterado sus órbitas, reorganizando completamente el sistema hasta dejarlo tal como lo vemos hoy.
En ese caso, LHS 1903 no sería una excepción inexplicable, sino el resultado de procesos mucho más complejos de lo que se pensaba.
un descubrimiento que no fue casual
El hallazgo es fruto de una colaboración internacional en la que participaron múltiples instituciones. Las primeras señales del sistema fueron detectadas por el satélite TESS, y luego confirmadas con observaciones desde la Tierra y con el apoyo del telescopio espacial Cheops.
La participación de la UNAM resultó clave para confirmar el planeta más lejano, el que terminó de revelar la estructura inusual del sistema.
lo que este sistema nos dice sobre el universo
Más allá de su rareza, LHS 1903 plantea una cuestión mucho más profunda. Las enanas rojas como esta son las estrellas más abundantes de la galaxia, por lo que entender cómo se forman sus sistemas planetarios es fundamental para comprender el universo en su conjunto.
En ese sentido, este descubrimiento no solo suma un nuevo sistema a la lista. También obliga a mirar el cosmos con menos certezas y más preguntas, recordando que incluso las teorías más sólidas pueden cambiar cuando aparece algo que no encaja.
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