La contaminación atmosférica suele asociarse con problemas respiratorios, enfermedades cardiovasculares o daños ambientales. Sin embargo, una nueva investigación realizada en España apunta a un efecto menos visible: su posible relación con el aumento de grasa corporal y la pérdida de masa muscular en personas mayores con sobrepeso, obesidad o síndrome metabólico.

El contaminante del tráfico que más preocupa

El estudio se centró en la exposición prolongada a distintos contaminantes del aire y su vínculo con la composición corporal. Entre ellos, el carbono negro apareció como el factor más relevante. Este contaminante se genera principalmente por procesos de combustión, especialmente los vinculados al tráfico automovilístico, y suele considerarse un indicador directo de la contaminación urbana.

Los investigadores analizaron datos de 1.454 adultos españoles de entre 54 y 75 años incluidos en el ensayo clínico PREDIMED-Plus. Para medir los cambios corporales utilizaron exploraciones DXA, una técnica que permite estimar con precisión la masa grasa total, la grasa visceral y la masa magra. Las mediciones se realizaron al inicio del estudio y luego durante un seguimiento de uno y tres años.

El objetivo era comprobar si vivir expuesto durante más tiempo a contaminantes como carbono negro, partículas finas y dióxido de nitrógeno podía influir en la evolución del cuerpo. Los modelos tuvieron en cuenta factores como edad, sexo, actividad física, tabaquismo, dieta y nivel educativo.

La contaminación del tráfico también podría alterar el cuerpo por dentro
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Más grasa y menos masa muscular

Los resultados mostraron una asociación clara entre mayores niveles de contaminación y peor composición corporal. Las personas más expuestas presentaron un mayor porcentaje de grasa corporal y una menor masa magra, tanto al inicio del estudio como después de tres años de seguimiento.

La relación fue más fuerte con el carbono negro, seguida por las partículas finas, mientras que el dióxido de nitrógeno mostró asociaciones más débiles. Esto refuerza la idea de que la contaminación derivada del tráfico podría tener un impacto metabólico especialmente importante en personas vulnerables.

La grasa visceral, considerada una de las más peligrosas por su vínculo con el riesgo cardiovascular, también apareció relacionada con la contaminación, aunque este efecto se observó principalmente en participantes menores de 65 años. Los autores sugieren que esto podría deberse a que el tejido adiposo conserva mayor plasticidad en edades algo más tempranas.

Como ocurre con algunos temas científicos que también podrían despertar interés en medios como Kotaku por su mezcla de vida cotidiana, tecnología urbana y salud, el dato más inquietante está en lo invisible: el aire que se respira a diario podría influir lentamente en cómo envejece el cuerpo.

La contaminación del tráfico también podría alterar el cuerpo por dentro
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Un riesgo ambiental para el envejecimiento saludable

La investigación plantea varios mecanismos posibles. La contaminación atmosférica puede favorecer el estrés oxidativo, afectar la función de las mitocondrias en el músculo esquelético y promover inflamación en el tejido adiposo. También podría empeorar la resistencia a la insulina, un factor clave en el síndrome metabólico.

Las personas con sobrepeso u obesidad podrían ser más vulnerables porque inhalan un mayor volumen de aire y, por lo tanto, reciben una dosis total más alta de contaminantes. Esto puede aumentar la carga sobre el sistema respiratorio y favorecer procesos inflamatorios que afectan a distintos órganos.

El estudio también detectó diferencias geográficas dentro de España. Barcelona presentó los niveles más altos de contaminación entre los centros analizados, mientras que León y Pamplona/Navarra registraron los más bajos.

La conclusión es clara: la contaminación del aire no debería entenderse solo como un problema pulmonar o ambiental. También puede ser un factor de riesgo metabólico, especialmente en adultos mayores con condiciones previas. Reducir la exposición al tráfico, mejorar la calidad del aire urbano y considerar el ambiente dentro de las estrategias de salud pública puede ser clave para envejecer con más masa muscular, menos grasa acumulada y mejor calidad de vida.

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