Durante décadas, la neurociencia centró gran parte de su atención en las neuronas: cómo se activan, cómo se conectan y cómo transmiten información. Sin embargo, una nueva investigación publicada en Fluids and Barriers of the CNS propone mirar también lo que ocurre entre ellas. Ese espacio microscópico, conocido como espacio extracelular, podría ser mucho más importante de lo que se pensaba.

El espacio entre neuronas no es un simple vacío

Cuando una neurona se comunica con otra, libera neurotransmisores, moléculas químicas que deben atravesar una pequeña distancia hasta alcanzar su destino. Hasta ahora, ese trayecto se entendía como un proceso que ocurría en un medio casi pasivo, una especie de escenario vacío por donde las señales simplemente circulaban.

El nuevo estudio cambia esa idea. Según los investigadores, la geometría y la organización del espacio extracelular influyen directamente en la forma en que se mueven esas moléculas. Es decir, el entorno físico entre las células cerebrales puede facilitar, frenar o dirigir la comunicación neuronal.

Esto significa que la rapidez y precisión del cerebro no dependen solo de las neuronas, sino también del diseño microscópico del espacio que las rodea. El hallazgo obliga a pensar el cerebro como un sistema más integrado, donde las células y su entorno funcionan de manera conjunta.

Dos tipos de señales, dos estrategias distintas

Uno de los puntos más interesantes del estudio es que este espacio no actúa igual en todas las sinapsis. En las conexiones excitadoras, que suelen usar glutamato y están relacionadas con procesos como el aprendizaje y la memoria, la estructura del entorno ayuda a limpiar rápidamente el neurotransmisor sobrante.

Esa limpieza es esencial para evitar que la señal se expanda demasiado y afecte a conexiones cercanas. Gracias a ese mecanismo, cada sinapsis puede funcionar con mayor independencia, velocidad y precisión.

En cambio, en las sinapsis inhibidoras, vinculadas al neurotransmisor GABA, la estrategia es diferente. Allí, el entorno favorece que la señal se extienda lateralmente, ayudando a regular la actividad cerebral y evitando una sobreexcitación del sistema nervioso.

El cerebro no solo depende de las neuronas: los “huecos” entre ellas también regulan la velocidad mental
TecnoXplora – X

Un cambio en la forma de entender el cerebro

Para observar estos procesos, el equipo recurrió a microscopía de altísima resolución y modelos informáticos capaces de simular el movimiento de moléculas dentro del tejido cerebral. Esa combinación permitió analizar fenómenos extremadamente pequeños y rápidos que antes eran muy difíciles de estudiar.

Jan Tønnesen, investigador del CSIC en el Instituto Biofisika y líder del trabajo, resumió la importancia del hallazgo al señalar que el espacio entre neuronas no es solo un hueco, sino una parte activa del sistema.

La conclusión abre una nueva etapa para la neurociencia. Si la estructura del espacio extracelular influye en la comunicación neuronal, también podría tener un papel relevante en trastornos donde esa comunicación se altera. Comprender estos “huecos” podría ayudar a explicar mejor cómo el cerebro procesa información, cómo mantiene el equilibrio entre activación y freno, y por qué algunas señales viajan con mayor eficacia que otras.

El cerebro, entonces, no funciona solo por sus células más famosas. También depende de los espacios invisibles que las conectan.

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